Rosa Guajardo-F: “Muchos de mis compañeros de clase se planteaban en qué condiciones merecía la pena vivir”

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Hace unos días, el 24 de febrero Inés Guajardo-Fajardo visitó la UFV y el Colegio Mayor. Tres días antes había celebrado lo que llama el aniversario de su accidente. A los 17 años, Inés viajaba con sus amigos, y tuvo un accidente de coche. Primero estuvo en coma, después fue recuperando conciencia poco a poco, con un 30% de capacidad cognitiva, al inicio, lo suficiente para que poco a poco pudiera ir asimilando la noticia de que no volvería a andar. Esta chica es hermana de una de nuestras colegiales, Rosa Guajardo- Fajardo, estudiante de medicina. Rosa movió cielo, mar y tierra, para traer a su hermana a la Universidad y para que la mayor gente posible pudiera escuchar su historia. En esta entrada, Rosa nos cuenta por qué creyó necesario este #encuentroCM.

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Rosa Guajardo-Fajardo. A veces no tienes la certeza de si algún plan que tienes en la cabeza va a salir bien del todo pero sin embargo algo te dice que tienes que llevar a cabo ese plan, que tienes que hacer que ocurra. Eso me pasó a mí con el tema de la charla de mi hermana Inés. Llevaba ya un par de años dándole vueltas a la cabeza desde que en clase de Ética empezábamos a plantearnos los temas de la dignidad de la persona, la validez de la vida, la calidad de la misma, etcétera. Ya ahí fui observando cómo muchos de mis compañeros de clase se planteaban de qué manera y en qué condiciones merecía la pena vivir. Extrapolando estas conversaciones a mis grupos de amigos mi sorpresa era que el pensamiento generalizado de la población no era otro que la certeza de que si repentinamente alguno de mis amigos se quedaba sin piernas, prefería quedarse completamente sin vida, es decir, “mejor muerto que parapléjico”, diría yo trasladando sus palabras a la cruda realidad. Yo no me podía creer que amigos, sobre todo amigas mías cercanas, que saben la historia de mi familia pudiese pensar tal barbaridad. Me planteé entonces que no debían de saber bien la experiencia de mi hermana si de verdad hacían esa afirmación, no era posible que vieran a una persona feliz en esas circunstancias y fueran capaces de confirmar que mejor morirse que estar así. ¿Así, cómo? ¿más feliz de lo que te veo a ti a diario? Si conoces esta historia y sigues pensando así debes de ser un poco cazurro. No, no me iba a conformar pensando que algunas amigas mías eran cazurras, estaba claro que no han conocido una historia como la que les planteo yo con un final feliz. Nunca han llegado a conocer la historia de mi hermana a pesar de haber sido amigas por años, lo tengo claro.

¿Y qué puedo hacer yo? Explicárselo. Pero no, no sirve de nada, nadie aprende por boca ajena, eso lo sé muy bien. Lo intento, no convenzo de nada, desisto. Ahí se queda esa idea, flotando en el aire. La dejo fluir mientras sigo sumergiéndome curso tras curso en el mundo de la medicina que tan absorbente es. Me olvido del tema. Bueno, no me olvido, ahí se queda flotando en mi líquido cefalorraquídeo esperando que algún día penetre de lleno en mis hemisferios cerebrales dándome una pequeña idea de cómo ayudar a comprender la belleza de la vida tras una circunstancia así.

Cuarto de medicina, ahora estoy en Bioética (ya no es Ética). Nos centramos aún más en el ser humano. Todos tenemos que preparar un tema y exponerlo al resto de la clase. Propongo a mi grupo hablar sobre la actitud a tomar tras un accidente de coche, qué consecuencias puede tener y qué es lo más adecuado en cada caso. A la gente le gusta nuestra exposición, veo que hace pensar. Al finalizar la exposición, hablo de mi hermana Inés y veo algunas caras de emoción, otras se estremecen un poco, otros apartan la mirada, pero pocos quedan indiferentes. La idea que fluía en mi líquido cefalorraquídeo se cuela por fin por alguna fístula y le sugiere a mis oídos que hagamos llegar esta experiencia a más gente. ¿Será que a mí me llama la atención la historia de mi hermana simplemente por el hecho de ser mi hermana? Quizá no es para tanto, me digo a mí misma. Pero se me vienen a la mente las caras de mis compañeros. Yo creo que esta experiencia puede ayudar a entender y a valorar…..o no…. No lo tengo claro. Bueno, vamos a poner manos a la obra. Ya veremos.

Empiezo a moverme un poco entre unos y otros departamentos de la Universidad. Todos aprueban mi idea, me apoyan pero siento que ninguno coge las riendas del caballo conmigo. Yo sola no puedo lanzarme ¿cómo lo hago? Sé que esto conlleva mucho trabajo, conocimiento y contactos. ¿Cómo voy yo a reservar un espacio sin ser nadie? ¿Cómo hago la promoción yo sola? ¿Cómo sé que estoy enfocando bien las cosas? Me quedo parada, no tengo con quien llevar a cabo este plan. Sé que en cuanto alguien me ayude muchos departamentos me ayudaran a llevarlo a cabo pero lo más difícil es encontrar el cómo empezar. Me vuelvo a quedar ahí. Espero otro tiempo hasta que se dé la oportunidad de poder lanzar la idea. Estamos en febrero. Hablo del tema casualmente con Paulina, una consagrada de la uni, me anima a llevarlo a cabo pero me quedo ahí, necesito encontrar la manera de hacerlo y el momento, con esta carrera es complicado.

Empiezo a vivir en el Colegio Mayor en octubre, ya estoy en quinto. Hablo con Paulina de nuevo y me incita a empezar a montar la charla. Agus (directora del Colegio Mayor) también apoya la idea y me pone en contacto con Piko (formadora del Colegio Mayor) quien me ayuda a materializar por fin esta idea y organizarla. Lo primero es reservar el día y el sitio. Aviso a Inés. Ya no hay vuelta atrás. A partir de ahí todo es más fácil. Entre Piko y yo vemos qué temas son interesantes para abordar en la charla, a quién queremos que vaya dirigida y cuánta gente estimamos que acuda. Va pasando el tiempo, escribo a profesores invitando a la charla, sobre todo para que inviten a los alumnos. Paso por las clases de medicina para invitar personalmente a mis compañeros. Pongo carteles por la uni. Dejo folletos en la biblioteca. Me alegra ver como muchos departamentos promueven la charla y la hacen llegar a todos sus alumnos: Coordinación de Medicina, Departamento de Pastoral, de Acción Social, de Actividades Culturales… Me entusiasma verles colaborar con esta idea.

Llega el día. Hemos pedido 150 sillas. Me preguntaron tres veces y tres veces lo confirmé con un poco de miedo. Ahora me arrepiento muchísimo. Me ha pasado como San Pedro, qué honor. Pero sí, me arrepiento de esas 150 sillas, calculo que vendrán la mitad. No me gusta la idea de tener que subirme ahí arriba a entrevistar a Inés, prefiero que hable ella sola. Me arrepiento de todo. ¿Quién me mandará a mí meterme en estas cosas? Llevo dos días nerviosa. Como era de esperar no funciona el Power Point, siempre pasan estas cosas. Mujer precavida vale por dos y como tengo complejo y quiero valer el doble intento ser precavida así que por suerte tengo en mi pen la presentación grabada por si las moscas. Y las moscas llegan, así que pedimos otro portátil para meter mi pen y que funcione el dichoso Power Point que me hacen evadirme de la situación: faltan diez minutos y no han llegado ni mis amigas. No hay ni Peter. Le digo a Piko que avise a gente para que venga a hacer acto de presencia y se ríe. Entran mis padres y al minuto la profesora Patricia Castaño que se ha traído a toda su clase, qué mona es. Ya por lo menos hay algo de gente. Me pongo con el portátil intentando arreglarlo. Son y diez, vamos tarde. Inés empezamos sin Power Point. Me doy la vuelta y está todo repleto de gente. ¡Guau! ¿De dónde han salido? Hay tanta gente que algunos se sientan en el suelo y otros muchos se quedan en pie. Veo muchas caras conocidas, me ayudan a relajarme. Empezamos.

Durante la charla todo va sobre ruedas. No lo cuento porque ya os la sabéis todos. Lo importante es que a todos nos ayuda escuchar este testimonio, a todos nos ayuda a entender porqué debemos respetar los parkings de minusválidos, no sólo por ley sino que empatizamos. A todos nos ayuda entender que son imprescindibles los baños adaptados en cada rincón del mundo y que estén limpios. A todos nos ayuda entender que a nivel sanitario y humano tenemos mucho que mejorar. Pero sobre todo, a todos nos ayuda saber la belleza de la vida si realmente te lo propones. Esa es la mayor enseñanza. Merece la pena vivir si realmente te merece la pena.

En el Colegio Mayor también tenemos una sesión tras la cena. Me imagino que a la gente le interesará la charla pero al fin y al cabo no lo tengo claro. El rango medio de edad en el colegio es de 18 a 21 años. Mucha gente piensa que las preocupaciones a estas edades son otras pero en estos meses que llevo en el colegio me doy cuenta de que no, de que ésta es gente con muchas, muchas inquietudes, no se conforman con ir a clase, quieren formarse de una manera integral y saben tan bien como yo que estas charlas son tanta formación como las clases de anatomía, biomecánica, derecho mercantil o didáctica. Esta gente me gusta.

La charla en el Colegio Mayor me resulta más familiar, como todo en el Colegio Mayor. Estamos cómodos y se respira un ambiente tranquilo y de admiración y respeto, como siempre. Todo marcha bien.

Se acabó. Pasan los días, muchas personas de la universidad y del Colegio me escriben o me ven y me comentan que la charla les ha hecho pensar. Me alegro, ese era el objetivo. Mi familia está contenta de haber venido desde Sevilla. Mi hermana está contenta de haber ayudado, ha estado trabajando mucho en ello pero siento que no es un esfuerzo sobrehumano para ella compartir su vida con todos, me alegro. Mis compañeros de clase me comentan que han disfrutado mucho. Y yo, me siento feliz de estudiar en la Universidad Francisco de Vitoria. Como dije en el Facebook hace unos días “es increíble darse cuenta de cuánto quieres a las personas al verlas en un momento importante en frente de ti, sonriéndote, aprendiendo, compartiendo un momento juntos. Hoy me he dado cuenta de que hay personas a las que quiero mucho, personas que al reconocer sus caras entre tantas cabezas me hacían sentirme afortunada y agradecida, muy agradecida porque vinieran aunque fuera tan sólo a apoyar, aunque sin duda sé que se habrán llevado el gran regalo aprendido de vivir el hoy y ser feliz hoy. Gracias a todos. Me cuesta dormirme pensando en la suerte que tengo de formarme en esta universidad. Me siento agradecida por todos los q habéis dejado de hacer vuestras cosas un gran rato hoy para compartir este encuentro. Me siento contenta por haberlo podido disfrutar con parte de la familia. Me encanta la UFV.”

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