MANUELA PAREDES – “Creo en la amistad en la familia y creo en la familia en la amistad”

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Dicen que no hace falta la misma sangre para ser familia. Un día aparece alguien en tu vida que deja la palabra amistad en mal lugar. Da igual que sea chica y chica, chico y chico, o mezclados. Alguien con quién avanzas de la mano aunque no esté. Una compañía de juegos, de ropa, de peleas. Conoce todos tus secretos y momentos. Es tu hombro donde llorar y un abrazo todos los días. Complicidad y confianza ciega. Te deja impregnado su sello sin pedirte nada a cambio. Que aunque se vaya lejos, nunca le olvidas. Que te avisa primero de que la vas a cagar y te repite el te lo dije cuando no le hiciste ni puto caso y la cagaste. Que siempre te desea lo mejor y nunca le convence nadie lo suficiente para ti. Que ríe contigo cuando le cuentas otro primer beso y llora cuando te han jodido otra vez. Sabe que tienes un mal día y aparece en la puerta de casa y te obliga a salir a la calle: O sales tú o te saco yo, sonríe. Y, (…), le abrazas.

Te manda canciones nuevas cada día, comparte los cubatas contigo: ¿Lo de siempre para los dos, no?. Siempre está en disposición de irse al fin del mundo contigo. Y siempre terminan pasando cosas raras o divertidas. Sin planear.

Y si tienes días de pijama, se trae el suyo y coméis chocolate o pipas hasta que se acaben y sea un nuevo día.

Solo tienes que cerrar los ojos para saber quién es. Aparece en tu mente.

Defreds.

Cuando estaba en la charla sobre la belleza en la amistad me vino este texto de un joven escritor gallego a la mente. La forma de hablar de sus amigos, la manera en la que olvidaban cualquier mal que les pudiesen haber hecho, el estar en las buenas y el no abandonarse en las malas… Esa noche pude ver la verdadera amistad con mis ojos.

Soy de esas personas que piensa que lo más bonito que hay en el mundo es la familia, pero también soy de esas personas que creen que muchos de sus amigos tuvieron que ser sus hermanos en otras vidas. Creo en la amistad en la familia y creo en la familia en la amistad. Creo en el amor, y el amor no entiende de sangre.

            Siempre que había escuchado hablar a alguna asociación o fundación de acción social o de voluntariado me había fijado en la forma en la que hablaban de las personas a las que ayudaban. Siempre escuchaba “los miembros” “los hombres”, “las mujeres”… expresiones cultas y masivas. Cuando vinieron los de Bocatas les oía decir los nombres y apellidos de las personas, los motes, como les llamaban amigos e incluso como no tenían miedo a decir lo que realmente eran “los toxicómanos”,“los gitanos”… están tan unidos que no tienen que usar filtros para referirse a ellos. Son totalmente naturales.

            Me gusta, es más, me encanta el concepto de amistad que tienen. Aceptan a las personas tal y como son. No intentan manipularlas. No quieren cambiarlas. Quieren acercarse a ellos y ser sus amigos. Pero amigos de verdad, no buscan su amistad con un fin. Buscan crear lazos de amor y cariño. Si después ese amigo decide, por voluntad propia, reconstruir su vida, lo aceptan con ese cambio. Si después recae en la droga, el alcohol, o el problema que puedan tener, lo aceptan con su recaída. Son sus amigos. Y eso es una amistad. Querer a alguien sólo cuando está bien no es ser un amigo, es ser un interesado. Un compañero de lo bueno.

            La palabra amistad es algo muy importante, creo que todos deberíamos aprender un poco de estos voluntarios a la hora de ser amigos. Solemos buscar a gente que se nos asemeja, que nos complementa. Olvidamos que a veces alguien totalmente distinto a nosotros puede cambiarnos la vida. Olvidamos que lo diferente puede ser maravilloso. Que un amigo no tiene porque ser igual que tu, que ahí está la gracia, en buscar amigos donde nunca lo imaginaste, de aprender de gente que tiene una vida muy diferente a la tuya.

            Admiro de verdad el trabajo de estas personas. Ayudar es fácil. Acompañar es algo muy diferente. La amistad requiere de un compromiso. La amistad se forja con momentos, con paciencia, con cariño, con sinceridad y, sobretodo, con ganas.

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MARÍA GARCÍA – “¡Ayúdame a mirar!”

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Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.

Viajaron al sur.

Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.

Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.

Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:

“¡Ayúdame a mirar!”

El Libro de los Abrazos, Eduardo Galeano

 

Veo un cartel. De repente leo “¿somos protagonistas en el cosmos?”, y aparece dentro de mí una respuesta.  En realidad eso que he leído se convierte en una pregunta que me corresponde, porque existen, se dan preguntas que te afirman. En ciertos momentos,encuentras esa cabecera a ese sin sentido de sensaciones internas, a esas preguntas rápidas con las que solo puedes acabar divagando, esos y por qué yo, y por qué aquí y ahora… Ese sin sentido de sensaciones interno, de repente,por un golpe de vida (podríamos llamarlo así) responden a una pregunta.

La realidad me maravilla, quizás sea por eso por lo que me está costando escribir esto, o quizás sea el hecho de que muchas de esas preguntas siguen sin respuesta, deambulando por mi cabeza, a toda velocidad. Pero el mundo que nos rodea despierta nuestro asombro, eso lo tengo claro, y si no lo hace, se merece que le miremos de otra forma, que nos quedemos un poquitín más en ese abrazo mañanero, que sintamos admiración de aquellos con los que convivimos, quedarnos un poquito más en esos ojos, si es lo que nos apetece, porque ¿por qué no? Probablemente son dimensiones muy distintas de estoque nos rodea, pero puede que en eso radique lo estimulante, diferentes objetivos que enfocar y como cada uno de ellos, independientemente de la sustancia que le compone, puede crecer ante nuestros ojos y despertarnos, de repente.

Sonríes, tú, toda tu persona, no sonríe tu boca, quizás sea un detalle sin importancia, pero merece la pena pararse en él, porque eso se percibe, se nota cuando algo te emociona y necesitas soltar esa energía y tu cuerpo inspira una sonrisa y cuando no, y esta sensación podría ser uno de los puntos que recuerdo de aquel día por la noche. El amor hacia lo que nos rodea se hizo tangible, ese espacio estaba lleno. En la universidad, en el metro, en un centro comercial, constantemente nos encontramos en espacios repletos de personas con la que no sentimos ningún tipo de conexión, estamos no-sincronizados aquí, allí, ahí, espacios vacíos, pero esto cambia, a veces, y esa noche se convirtió en espacio sensible, vacío ocupado. ¡Qué maravilla cuando las personas no solo son ellas, sino que se proyectan, se da la grandeza!

Guiomar y Quique nos volcaron su amor hacia el universo, su sorpresa inherente y la intención de búsqueda de respuestas ante esas posibles explicaciones necesarias para nuestro entendimiento sobre él. Nos desvelaron algunos detalles clarificadores, como el de orden intrínseco que se deja conocer, o esa pregunta provocada constantemente por la necesidad de desvelar el misterio. La existencia de un código en la naturaleza que está hecho para nosotros, es posible para nuestro conocimiento, y que lo más comprensible de todo esto que nos rodea es que, a veces, se da un pequeño clic, y la claridad surge, comprendemos algunos movimientos del mundo. La autoconsciencia, naturaleza haciéndose a sí misma perceptible, y como nos desvelaron esa noche, comprensible. El dinamismo del asombro nos puede llevar a todo esto, a iniciar un ciclo de conferencias sobre la belleza, a que existan personas capaces de realizar poesía de las matemáticas, a que existan personas preguntándose, y hacernos cómplices en ello. Y todo esto envuelto de la magia del buen uso de las palabras, utilizando con cuidado y mimo sus significados, y lo que ellas traen consigo, utilizándolas para describir esa relación en el proceso entre el mundo y nosotros.

Estamos siempre, siempre, dentro de nosotros mismos, y a veces necesitamos salir de esto, ese lugar donde está rebotando esa vocecita tuya ahora mismo, sentir lo externo. Pequeñas conspiraciones contra ese nosotros mismos, eso nos hace la realidad, ofrece ganas de saltar ahí fuera, y descifrar. Pequeños saltos a un vacío irracional, que te quedan los huesos de punta, porque se meten dentro de ti, o nacen de ahí, no sé muy bien dónde ubicar la frontera. Disfrutar de los espacios entre lugares, quizás se trate de eso, porque de los lugares es fácil, de los momentos importantes, de lo señalado, ¿pero qué hay de las transiciones entre ellos?

Giomar y Enrique nos develaron  detalles del universo apasionantes, nos desvelaron los entresijos de la belleza, nos hicieron ver a través de pequeños resquicios, pequeñas verdades medibles, y todo ello bajo el baño de la envidia sana hacía aquello en lo que estamos inmersos, y utilizo envidia por el hecho de que nos empuja, a ser más, a no entender y a intentar comprender, dar un paso más, acercarnos a esa contemplación, y averiguar cómo todo va cobrando sentido, sentir y ser.

Darnos cuenta de las pequeñas cosas, como de ese posesivo marcador del preso tiempo, tu tiempo te encierra y te limita al igual que nuestro tiempo a nosotros. Aun así, estamos en un mundo que nos sobrevive y al que sobrevivimos en muchas otras ocasiones. Y queremos querer y mirar, y estas dos intenciones, retroalimentándose, son las que nos llevan un poco más allá. Buscar el orden, entenderlo por ejemplo, en la música, y el caos, y la atracción ante él, y la belleza, capaz de transformar.

¿Cómo es posible que todo lo que veo, oigo, toco, esté hecho para mí? ¿Me pertenece entonces? Foco puesto en ti. Y es increíble cómo tu cerebro decide y te recuerda pequeños fascículos de tu vida y todo gira en torno a ti, trocitos de vida danzando en ti, quizás ese pequeño universo también merezca la pena, y ante esto solo cabe decir, somos inmensos. ¡Cuánto que admirar!

 

Quizás gracias, sea un buen final, gracias por enseñarnos un poquito más, gracias por la lección de amor ante  t o d o   e s t o.

¡Qué bonito coincidir!

 

Si lo entiendes, es que ordena algo que está en ti.

Jorge Bautista: “¿Existen verdaderamente razones para votar a Trump?”

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A raíz de la triste noticia que ha acontecido en América, me ha movido a pensar sobre el por qué de este suceso y preguntarme en general sobre el siguiente tema: Los cambios que está experimentando Occidente durante los últimos años.

Desde la perspectiva europea, y sintiendo profundamente este suceso, creo que vemos la victoria de Trump desde una actitud algo arrogante y prepotente. Lo fácil es pensar que más de la mitad de los estadounidenses son lerdos perdidos, dar una respuesta a la cuestión y cerrar el problema de un plumazo. Sin embargo, creo que el problema es algo más complejo.

¿Existen verdaderamente razones para votar a Trump? Sí, existen. En primer lugar, una alternativa que parece salida de House of Cards, que lleva aferrándose décadas con uñas y dientes a los asientos de Washington, que ha utilizado documentos públicos a su antojo para fines desconocidos porque la mayoría de ellos ya se ha encargado de eliminarlos, que lleva financiando su fundación con cifras desorbitadas por sus colegas de Wall Street… Esto es algo que a la nación americana le lleva desgastando durante muchos años.

La firma del Trans- Pacific Partnership, un tratado comercial entre países asiáticos y americanos, que liberaliza la cooperación entre ambos mercados, y provoca en consecuencia la deslocalización en América hacia Asia y el hundimiento de numerosas industrias en el país.

Los americanos ven como su accesibilidad a la educación de calidad se ha ido complicando, ven como las universidades de la Ivy League que lideran el país se van copando de estudiantes de otras culturas, en detrimento de los propios americanos.

América gasta en defensa cantidades ingentes de sus presupuestos, mucho más de lo que realmente necesita para mantener organismos como la OTAN o liderar las Naciones unidas, dinero que en vez de destinarlo a estas instituciones percibidas por mucha gente como ineficientes,  podría ir al bolsillo de las familias.

Una Secretaria de Estado (equivalente al ministro de exteriores) llamada Hillary Clinton que no solo no ha acabado con Al Qaeda enoriente medio, sino que además es en esa región donde aparece ISIS y progresivamente ha ido expandiéndose, en cuanto a la gestión de asuntos de exteriores.

Por tanto, no es un voto a favor del racismo, sino un voto que denuncia toda esta situación. No es que los americanos sean racistas, pues han sido millones de ellos los que los pasados comicios votaron a Obama, pero que en esta ocasión se han decantado por Trump después de todos estos sucesos.

¿Existen verdaderamente razones para votar a podemos? Si, existen. Corrupción, cierre de empresas, desempleo, influencia del poder económico en los partidos vigentes….

¿Existen razones para votar el Brexit? Si, existen. Una contribución económica superior al media en la UE, una divisa distinta a la usada en la UE, un sistema jurídico totalmente diferente, un potencial mercado en países emergentes de la Commonwealth que se rigen por el mismo sistema…

Además de estos casos, que son los que más cerca me pillan, estoy seguro de que también existen muchas razones para votar; Le Pen en Francia, Amanecer Dorado en Grecia, Beppe grillo en Italia…

A pesar de todas estas razones…  ¿Vamos a justificar estas razones dejando todo en manos de aquellos que se alimentan del odio y proponen soluciones sencillas a estos desafíos tan complejos? A veces es más fácil ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Ante esta situación, me atrevería a decir que dos posibles soluciones es el surgimiento de alternativas reales y moderadas, como ha ocurrido en España o cambiar desde dentro de estas estructuras a determinadas personas en función de sus actuaciones. En cualquier caso, lo que tengo seguro es que todos aquellos movimientos que promuevan odio y división, NO son las soluciones a estos problemas. Pero entender todos estos problemas que afrontan numerosos países, su razón de ser, es el punto de partida para poder solucionarlos desde una postura moderada y realista, que evite caer en los extremismos.

Todo esto es la consecuencia… pero recordemos que es por nosotros, por quien empieza la democracia.  Tú decides.

Enrique García-Blanes: «¿Protagonistas en el cosmos?»

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Yo estaba charlando tranquilamente con Ignacio Serrano en una mesa de la cafetería de Derecho. Aquel viernes me disponía a presentar en la reunión del Samizdat, después de la Escuela, la versión definitiva del artículo «Científico y poeta», así que le estaba exponiendo esta cuestión a Ignacio. En frente de mí estaba sentada una mujer morena de pelo rizado y gafas, que de pronto intervino en la conversación, comenzó a preguntarme y a conocerme, hasta que, de pronto, me propuso embarcarme con ella en la elaboración de una ponencia acerca de la ciencia y la belleza. En aquel momento dije «sí» de manera mecánica, atrapado por su entusiasmo. No obstante, los días siguientes a aquel encuentro me replantee mi decisión. En un primer momento consideré que no debía meterme en aquel embrollo, puesto que estaba encontrado grandes dificultades en la carrera y el poco tiempo libre que tenía me lo requerían el Movimiento y mi novia.

De pronto me descubrí privado de la compañía de mi novia, desconcertado y con un sentimiento de soledad inmenso. Todo me costaba porque la nostalgia de ella punzaba mi costado, mi vida amenazaba con vaciarse y cada vez me urgía más reconocer la presencia del Señor en mi vida. Parecía evidente que aquella profesora era una oportunidad que el Señor me ofrecía para volver a encontrarme con Él. Así que pensé: «Este proyecto sin duda va a privarme de bastantes horas de estudio, pero también es la ocasión de descubrir una consistencia, un sentido mucho mayor acerca de mi vocación como estudiante de Física. Tan solo esta conciencia puede hacer atractivo, razonable y correspondiente el estudio».

Las tres semanas de preparación de la ponencia, titulada «¿Protagonistas en el universo?», fueron bastante dispersas y caóticas, puesto que ella y yo hallamos muchas dificultades para encontrar tiempo libre en común. Aún así, poco a poco fui descubriendo cosas que me ayudaron mucho: los textos escritos por mi nueva amiga para Universitas y Ubi Oculus, las imágenes del universo, las reflexiones de Einstein, Newton, Schrödinger… pero, por encima de todo, me ayudó su compañía: ¡una profesora decidía dedicarme tiempo a mí, un estudiante novel! Conocer sus experiencias con grandes físicos, contarle sucesos de mi vida y exponerle mis inquietudes… ¡su pasión por la vida! ¡Qué asombroso! Después de varios años de profesora y tantas conferencias y libros, aquella mujer sigue sorprendiéndose, interesándose y vibrando con la ciencia. ¡Yo también deseo esto para mí!

Hoy ha sido el gran día. Hemos tenido que hacer mil preparativos de última hora, temerariamente precipitados. Las circunstancias no eran las más favorables: clases, la tardía hora de la ponencia (22:15) y laboratorio y un examen al día siguiente. Todo un imprevisto y un vértigo: ¡pero menuda sorpresa! Escuchar la ponencia de mi amiga y ver los rostros de los universitarios me conmovía profundamente. Me invadía una paz enorme al caer en la cuenta de las cosas que habíamos descubierto juntos, en nuestra historia particular y en la de tantos grandes científicos: el universo suscita continuamente la pregunta, se da una correspondencia a través del descubrimiento de la verdad y de su belleza, existe un orden que se deja conocer y las leyes del cosmos aparecen como factor de construcción de nuestro hogar. En definitiva: ¡somos, soy, protagonista en el universo!

Para mí, la realización de este acto ha sido la ocasión de experimentar la racionalidad de la fe: gracias a la ciencia he podido constatar de nuevo, anonadado, que verdaderamente la realidad es mi aliada, que el cosmos –su historia y sus leyes– ha sido creado para que yo sea su protagonista, para que mi vida dé fruto. Y esta consistencia, este sentido de mi existencia, es realizar un camino. Toda mi vida consiste en el seguimiento de unos signos cuyo atractivo me invitan a afrontar mis preguntas y reconocer en mis circunstancias la presencia del Misterio que está llamado a cumplir mi vida, a dotarla de una belleza a la altura de mi corazón. Hoy he vuelto a hacer experiencia de esto a través de la ciencia y de la mano de esta amiga.

¡Pero no solo eso! También me han sorprendido y me han abierto un camino apasionante las preguntas que nos han hecho después. Especialmente, me ha conmovido la de Chema Alejos, hasta el punto de escapárseme unas lágrimas mientras le escuchaba y contemplaba su rostro, que manifestaba una profunda conmoción. Fue algo así:

Confieso que yo venía como mero espectador a contemplar las maravillas del universo, pero ver todo esto ha sido una auténtica sacudida entre la realidad —lo que predomina en ella: orden, belleza, todo hecho a la medida del conocimiento humano…–, mi deseo de plenitud (que veía correspondido en lo que explicabais) y el punto de contradicción con mi vida cotidiana, lo que me rodea: mi familia, el sufrimiento, occidente…

Pensar que el hombre solo existe desde ese «31 de diciembre» pero su capacidad le permite conocer miles de millones de años de historia del universo… Que hay poco margen para las casualidades y que todo, TODO está ordenado para que yo aquí y ahora esté palpitando… Que incluso algo que parece malo (dos galaxias aproximándose y a punto de colisionar) sea un auténtico espectáculo de belleza…

Todo esto me hacía preguntarme: «¿Y yo? ¿Dónde está esa belleza en mi vida, en mi historia, en mi familia, en la sociedad? Parece como si todo el cosmos estuviera bien hecho, pero miro el mundo (no como planeta, sino como realidad humana) y encuentro el caos, la fealdad, el sufrimiento… ¿Y qué pasa conmigo? ¿Dios, has puesto empeño en la Creación pero, y yo? ¿Dónde quedo? ¿Por qué el cosmos, que no lo ha pedido, es bello y ordenado, y yo que anhelo esto no lo consigo, no vivo así?».

También la amiga que nos pidió que hiciéramos el acto, Tamara, ha formulado una pregunta muy grande: «¿Cómo puedo vivir en un asombro continuo, como tú nos sugieres?». A lo que le he respondido que la clave está en la envidia, en el sentido más sano de esta palabra: «Gracias a Dios me encuentro rodeado de personas como esta amiga, con una pasión por sus circunstancias que a mí me provoca y me abre un camino. En la medida en que me dejo acompañar por estos amigos me sorprendo viviendo mejor». También una chica me ha preguntado algo similar: «¿Cómo es posible hacer poesía con las matemáticas, a qué te refieres?». Le he contestado no con una idea, sino con una experiencia: «Muchos de mis compañeros de Física creen que el conocimiento amarga, desearían vivir en la ignorancia y, por tanto, ‘’hacen ciencia’’ quedamos. Por suerte –¡y no por mérito propio!– yo me descubro enamorado del universo, impulsado por mis preguntas y correspondido por la belleza que descubro en lo que acontece. Esta es la posibilidad de ser científico y poeta al mismo tiempo. Me apasionan la Literatura, la música, el surf… muchas cosas. Pero a mí, particularmente, me maravilla la extraordinaria ventana que las matemáticas ofrecen para asomarse a las entrañas del misterioso universo».

Por último, quiero concluir esta reflexión afrontando la pregunta de Chema, porque mi vida depende de ella: «¿Hay belleza debajo de la atmósfera?». Puedo afirmar que sí. De hecho, de no ser por esta belleza para mí no tendría ningún sentido estudiar el cosmos. La belleza y el sentido de mi vida consiste en la relación con amigos como esta profesora, la experiencia de la caridad, de ser tratado como mi corazón lo exige. Por esta razón Pascal dijo: «Todos los cuerpos, el firmamento, las estrellas, la Tierra y todos sus reinos, no valen lo que lo que la más pequeña inteligencia: porque esta conoce todo lo que existe y a sí misma. De todos los cuerpos juntos, no se podría obtener el más mínimo pensamiento; y de todos los pensamientos puestos juntos, no se podría obtener un gesto de caridad: es imposible, es de otro orden».

 

Carmen Llamas: Una Semana Santa diferente

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“Estas misiones fueron diferentes, al igual que todas las anteriores. Al final todas te aportan algo y la mejor lección que me llevo es que cuanto más me dejo y me entrego en las manos del Señor más feliz me siento. “

Carmen Llamas, colegial de 1º de Periodismo, nos comparte una crónica sobre su plan de esta Semana Santa, ha ido de Misiones con Juventud Misionera a Murcia.

“Salí de mi casa como todos los años con la maleta cargada de ilusiones y entusiasmo por volver otro año más a misiones con lo que esto significa: entregarse a los demás, vivir en comunidad y sobre todo, encontrarme con Dios en cada una de las personas con las que comparto esta experiencia.

Las misiones duraron cuatro días los cuales fueron muy intensos a la vez que gratificantes. El primer día, el miércoles, empezamos la jornada a las nueve de la mañana saliendo el autobús desde Barcelona hacia Murcia. El viaje duro ocho largas horas en las que me planteaba si hacía bien volviendo este año de misiones. Sin duda, ha merecido la pena. Llegamos sobre las 18.30 a Cabezo de Torres, donde nos encontramos con el resto de misioneros de otras partes de España. Ahí, a las 19.00 celebramos la misa de envío para después separarnos en diferentes pueblos y parroquias.carmenllamas

El jueves nos dedicamos a misionar, invitábamos a la gente de la calle a que viniera a la misa de la parroquia en la que ayudábamos. También fuimos a visitar enfermos o personas mayores a sus casas y ofrecerles si querían recibir la comunión. A mi me tocó acompañar, después de comer, al padre Javier a repartir la comunión a un par de ancianos. Para mí, fue una experiencia muy bonita. Otro grupo fue a ayudar a un asilo y ahí hicieron un Vía Crucis con los ancianos y los llevaron de paseo por Cartagena. Por la tarde fuimos a misa y por la noche hicimos un Solnight. Esta actividad consiste en invitar a gente de la calle a rezar a la iglesia, y la hicimos desde las diez de la noche hasta las dos y media de la madrugada.

La jornada del viernes fue muy parecida a la del día anterior: invitamos a la gente a los oficios y también fuimos a visitar ancianos. Después de los oficios, que fueron por la tarde, tuvimos una actividad todo el grupo junto, que consistía en explicar y reflexionar sobre nuestro día.

El sábado fue un día diferente. Nos desplazamos hasta puerto de Mazarrón y ahí todas las ciudades hicimos un rosario por en medio del pueblo e hicimos juegos en la playa con todo el grupo. Fue un momento de convivencia muy divertido, sobre todo para conocer a diferentes personas con mis mismas inquietudes. Por la noche tuvimos los oficios y luego otra actividad con el grupo entero.

El domingo fue el último día y tuvimos la misa de Resurrección con todos los grupos de misioneros de los diferentes pueblos. Después nos despedimos y cada uno volvió a su ciudad. Llegamos a Barcelona sobre las 21.30, después de un largo y cansado viaje.

Estas misiones fueron diferentes, al igual que todas las anteriores. Al final todas te aportan algo y la mejor lección que me llevo es que cuanto más me dejo y me entrego en las manos del Señor más feliz me siento”.

 

 

 

Visita a Iesu Communio. “Es un lujo poder acceder de un modo tan cercano a personas como ellas”

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Ana María Rodríguez Segura, Primero de Periodismo. El pasado sábado día 12 de marzo, algunos de los colegiales visitamos La Aguilera, en Burgos. Dos entretenidas horas de viaje desde Madrid para llegar al instituto religioso femenino de las Iesu Communio.

Llegamos a La Aguilera sobre las 5 de la tarde y nos pasamos directamente al encuentro con las monjas. Nos recibieron con una canción y continuamos con las presentaciones de los grupos para pasar a las preguntas. Comienza el turno de preguntas. Yo hasta el momento comenzaba a estar alucinada, en todo el esplendor de la palabra. Lo comenté con Paulina: las caras de las muchachas desprendían una luz como nunca antes me había percatado, y digo muchachas porque muchas de ellas no tenían más de 25 años; y las demás no se quedaban tampoco demasiado atrás. Todas eran muy jóvenes y solo algunas habían sentido la vocación desde siempre: había quienes había sido auto-declaradas ateas firmemente, y quienes aun siendo creyentes, había vivido, como nos comentaba una de ellas “a lo loco”.

Las primeras preguntas eran las que todo el mundo deseaba conocer: “¿Qué os llama a estar aquí?”, ¿Cuáles son vuestros quehaceres diarios?”, “¿Por qué renunciáis a una vida fuera para tenerla aquí?” La cosa se iba poniendo más interesante, no solo por las preguntas, sino porque ellas mismas nos contestaban con la máxima sinceridad posible, contando su experiencia para que lo comprendieramos. Digo “comprendieramos” porque una persona universitaria de 18, 19 o 20 años, no piensa en poner su vida al servicio de su fe. Se piensa que es una locura y no se alcanza a comprender el asunto. Por eso mismo, continuamos haciéndoles (y haciéndonos) preguntas.

Una de las respuestas a las anteriores fue “por vocación”. En ese momento, lo entendí muchísimo mejor. Nos comentaban que igual que una persona tiene vocación de médico o de abogado, ellas sentían vocación a la fe, a Dios. Allí encontraban plenitud a la vida y buscaban sentido a la existencia. Ellas mismas nos afirmaban que eran preguntas que con frecuencia muchos de nosotros nos hacemos, sin profundizar y sin encontrar (como es de esperar) respuesta.

Tras las preguntas y respuestas llegó el que para mí fue el momento en que más aprendí de todo. Se nos acercó una chica para terminar de contestar una de las últimas preguntas que se le habían formulado. La pregunta era sobre la felicidad con y sin la fe a Dios en la vida. Esta chica, que se llamaba Almudena, se acercó a Pablo Ballesteros (compañero del CM y artífice de la pregunta) para contestarle de la manera más humilde, sencilla y sincera que pudo. De todo lo que me pudo fascinar, me quedo con lo siguiente. Ella tenía 19 años, llevaba un año y medio en la orden y esta semana iba a pasar a ser novicia. Ella sentía la fe desde pequeña y decidió sumergirse completamente tan jovencita. Cuando todos la mirábamos sorprendidos, ella nos seguía explicando (con la misma luz en el rostro que comentaba al principio) que no renunciaba a una vida, sino que había elegido cómo quería vivirla. No iba a renunciar a tener hijos (sí físicamente), porque ella nos amparaba con la oración. Quería vivirla extendiendo su fe, y entre otras cosas, lo estaba notando ya que, como nos comentaba, no hubiera sido capaz de levantarse a contestar esa pregunta hace varios meses, pues ni ella misma tenía la respuesta. Ella era feliz allí.

Había mucha información para interiorizar hasta ese momento, y ya estábamos acabando la visita. Tras la misa y la imprescindible compra de dulces, subimos al autobús para regresar a Madrid. Y como no podía ser de otra manera, el debate y las sensaciones siguieron durante la mayor parte del trayecto. Realmente era alucinante ver a tan numeroso grupo de mujeres unidas por algo tan inefable como es la fe. Seas o no creyente, es un verdadero lujo poder acceder de un modo tan cercano a personas como ellas.

Muchas preguntas se me quedaron en el tintero. Y las que llevaba, siguen sin ser respondidas. Una vez allí y después de la visita, te vuelves a replantear muchas cosas. Pero tras la experiencia, sé que si hay algo imprescindible en esta vida es no dejar de hacerse preguntas.

 

Margarita Pons: “Aula me ayudó a descubrir lo mucho que me apasiona mi carrera”

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Mª Margarita Pons, 1º de Bellas Artes y Diseño. Aula ha sido para mí un reto pues, nunca antes había tenido tal responsabilidad como la de representar, aunque fuera en pequeña medida, una institución a la que pertenezco como es actualmente la Universidad Francisco de Vitoria. Me resultó de lo más emocionante ver cómo yo, sin tener preparación para “vender algo”, lograba contagiar las ganas de que los demás se acercaran a conocer sobre esta Universidad y la influencia que puede llegar a tener algo tan simple como el testimonio de un alumno, en mi caso, la que ha sido mi experiencia hasta ahora.

Se viese de donde se viese, el ambiente de nuestro stand marcaba la diferencia. Saltaba a la vista el entusiasmo que había en cada uno de los que estábamos allí, nosotros si estábamos allí por voluntad propia y con ganas de darlo todo a fin de conseguir contagiar nuestra energía universitaria a todo aquel que se acercara.

Quise ir a Aula pensando en la oportunidad que a mí me habría gustado tener de conocer la universidad mediante el testimonio de sus propios alumnos.

Aula me ayudó a ver la importancia de presentar nuestra experiencia universitaria en su totalidad, teniendo conciencia de la importancia que puede llegar a tener el testimonio dado, pudiendo mostrarle a los posibles futuros alumnos lo que de verdad importa, y no distraerse con factores secundarios como pueden ser la duración de la carrera o las salidas laborales del momento. Es sorprendente algunos de los criterios por los que una persona puede llegar a elegir o descartar una carrera o Universidad. Me chocó mucho como una madre, ante la ilusión de su hija por estudiar Bellas Artes y Diseño, carrera que yo misma estoy cursando, fue capaz de negarle la oportunidad por el simple hecho de que ésta consta de cinco años. ¿ Acaso es esa una razón suficiente para tomar una decisión tan importante? En mi opinión pienso que vale la pena estudiar un par de años más si es algo que realmente te apasiona.

Aula me ayudó también a valorar los padres que tengo. Mi madre me ha motivado siempre a estudiar lo que yo quería, a elegir la carrera que me gustaba, independientemente de lo difícil o fácil que esta fuese o a que trabajo me pudiese a llevar. Mi madre siempre me dio esa libertad de elegir lo que verdaderamente me hiciera más feliz. Y pude poner esto en valor, ante la diferencia existente entre los chicos que venían solos, o aquellos que venían muy condicionados por la compañía de sus padres. Al venir solos, era como si tuviesen claro qué querían y las respuestas que necesitaban, sin embargo cuando venían con sus padres, mostraban menos interés, más bien se limitaban a asentir a lo que sus padres preguntaban, aceptando de algún modo que ellos tendrían la última palabra.

Fue una experiencia inolvidable que, sin duda alguna, recomendaría a todo aquel que se planteara asistir. Yo tengo ganas de poder volver a Aula todos los años que me sean posibles.