Visita a Iesu Communio. “Es un lujo poder acceder de un modo tan cercano a personas como ellas”

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Ana María Rodríguez Segura, Primero de Periodismo. El pasado sábado día 12 de marzo, algunos de los colegiales visitamos La Aguilera, en Burgos. Dos entretenidas horas de viaje desde Madrid para llegar al instituto religioso femenino de las Iesu Communio.

Llegamos a La Aguilera sobre las 5 de la tarde y nos pasamos directamente al encuentro con las monjas. Nos recibieron con una canción y continuamos con las presentaciones de los grupos para pasar a las preguntas. Comienza el turno de preguntas. Yo hasta el momento comenzaba a estar alucinada, en todo el esplendor de la palabra. Lo comenté con Paulina: las caras de las muchachas desprendían una luz como nunca antes me había percatado, y digo muchachas porque muchas de ellas no tenían más de 25 años; y las demás no se quedaban tampoco demasiado atrás. Todas eran muy jóvenes y solo algunas habían sentido la vocación desde siempre: había quienes había sido auto-declaradas ateas firmemente, y quienes aun siendo creyentes, había vivido, como nos comentaba una de ellas “a lo loco”.

Las primeras preguntas eran las que todo el mundo deseaba conocer: “¿Qué os llama a estar aquí?”, ¿Cuáles son vuestros quehaceres diarios?”, “¿Por qué renunciáis a una vida fuera para tenerla aquí?” La cosa se iba poniendo más interesante, no solo por las preguntas, sino porque ellas mismas nos contestaban con la máxima sinceridad posible, contando su experiencia para que lo comprendieramos. Digo “comprendieramos” porque una persona universitaria de 18, 19 o 20 años, no piensa en poner su vida al servicio de su fe. Se piensa que es una locura y no se alcanza a comprender el asunto. Por eso mismo, continuamos haciéndoles (y haciéndonos) preguntas.

Una de las respuestas a las anteriores fue “por vocación”. En ese momento, lo entendí muchísimo mejor. Nos comentaban que igual que una persona tiene vocación de médico o de abogado, ellas sentían vocación a la fe, a Dios. Allí encontraban plenitud a la vida y buscaban sentido a la existencia. Ellas mismas nos afirmaban que eran preguntas que con frecuencia muchos de nosotros nos hacemos, sin profundizar y sin encontrar (como es de esperar) respuesta.

Tras las preguntas y respuestas llegó el que para mí fue el momento en que más aprendí de todo. Se nos acercó una chica para terminar de contestar una de las últimas preguntas que se le habían formulado. La pregunta era sobre la felicidad con y sin la fe a Dios en la vida. Esta chica, que se llamaba Almudena, se acercó a Pablo Ballesteros (compañero del CM y artífice de la pregunta) para contestarle de la manera más humilde, sencilla y sincera que pudo. De todo lo que me pudo fascinar, me quedo con lo siguiente. Ella tenía 19 años, llevaba un año y medio en la orden y esta semana iba a pasar a ser novicia. Ella sentía la fe desde pequeña y decidió sumergirse completamente tan jovencita. Cuando todos la mirábamos sorprendidos, ella nos seguía explicando (con la misma luz en el rostro que comentaba al principio) que no renunciaba a una vida, sino que había elegido cómo quería vivirla. No iba a renunciar a tener hijos (sí físicamente), porque ella nos amparaba con la oración. Quería vivirla extendiendo su fe, y entre otras cosas, lo estaba notando ya que, como nos comentaba, no hubiera sido capaz de levantarse a contestar esa pregunta hace varios meses, pues ni ella misma tenía la respuesta. Ella era feliz allí.

Había mucha información para interiorizar hasta ese momento, y ya estábamos acabando la visita. Tras la misa y la imprescindible compra de dulces, subimos al autobús para regresar a Madrid. Y como no podía ser de otra manera, el debate y las sensaciones siguieron durante la mayor parte del trayecto. Realmente era alucinante ver a tan numeroso grupo de mujeres unidas por algo tan inefable como es la fe. Seas o no creyente, es un verdadero lujo poder acceder de un modo tan cercano a personas como ellas.

Muchas preguntas se me quedaron en el tintero. Y las que llevaba, siguen sin ser respondidas. Una vez allí y después de la visita, te vuelves a replantear muchas cosas. Pero tras la experiencia, sé que si hay algo imprescindible en esta vida es no dejar de hacerse preguntas.

 

Acto de Apertura del Colegio Mayor, gran Encuentro de una gran Comunidad

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Inicia el curso 2015-2016, y el Colegio Mayor lo celebra con un solemne acto de apertura. Este año hemos elegido como lema y tema de reflexión #EncuentroCM, y este acto sin duda fue una gran oportunidad de encuentro, entre colegiales, formadores, profesores y también con Dios. Precedieron el acto Doña Agustina Jutard, Don Clemente López, P. Florencio y el lector magistral Ángel Barahona (vídeo).

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La tarde inició con una Celebración Eucarística, presidida por el Padre Florencio, quien nos invitó a vivir al 100 x100 la Universidad, a enfrentarnos a las grandes preguntas que surgen en esta etapa, incluso cuando no tengan nada que ver con nuestra profesión. Los colegiales se volcaron en la preparación de la misa: cantos, violín, flores, cuaderno litúrgico, oración de los fieles, ofrendas, y en especial la actitud de respeto y su elegante presentación. El acto continuó en el Aula Magna, precedido por nuestro Vicerrector Clemente López, P. Florencio, Agustina Jutard y el lector magistral, Ángel Barahona.

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Ángel se dirigió a la audiencia de colegiales, con cercanía y mucha profundidad, guiando una riquísima reflexión en torno a “La Comunidad, como espacio de Encuentro”. Explicó cómo “el encuentro con el otro te da la vida, es descubrir algo de ti que no sabes”. En concreto, habló de sí mismo y de las distintas comunidades de las que forma parte y se enriquece, su familia, la Iglesia y reconoció que “la Universidad también es mi comunidad, vivimos en una verdad que nos complementa”. Admitió que en toda convivencia surgirá el roce, pero que “lo que hace crecer a la comunidad es que haya equilibrio en el conflicto, no que no los haya”. Agustina Jutard, directora del Colegio Mayor, también se dirigió a la asamblea, destacó la importancia de la Universidad, para la construcción de una sociedad madura y solidaria. Habló del Colegio Mayor como una gran escuela de aprendizaje, entrega, formación y donación; el espacio donde se forman los grandes hombres y mujeres que la sociedad exige en el ambiente familiar y profesional.

DSC_0095 Concluyó el acto con un vídeo preparado por Sabela García y Paula Arocha, colegiales, donde nos hablaron de la comunidad a través de la imágenes de los primeros días del curso, jornadas de veteranos, días de integración y actividades por la noche.
La tarde concluyó con un rico cóctel entre colegiales, formadores y algunos profesores.