Carmen Llamas: Una Semana Santa diferente

“Estas misiones fueron diferentes, al igual que todas las anteriores. Al final todas te aportan algo y la mejor lección que me llevo es que cuanto más me dejo y me entrego en las manos del Señor más feliz me siento. “

Carmen Llamas, colegial de 1º de Periodismo, nos comparte una crónica sobre su plan de esta Semana Santa, ha ido de Misiones con Juventud Misionera a Murcia.

“Salí de mi casa como todos los años con la maleta cargada de ilusiones y entusiasmo por volver otro año más a misiones con lo que esto significa: entregarse a los demás, vivir en comunidad y sobre todo, encontrarme con Dios en cada una de las personas con las que comparto esta experiencia.

Las misiones duraron cuatro días los cuales fueron muy intensos a la vez que gratificantes. El primer día, el miércoles, empezamos la jornada a las nueve de la mañana saliendo el autobús desde Barcelona hacia Murcia. El viaje duro ocho largas horas en las que me planteaba si hacía bien volviendo este año de misiones. Sin duda, ha merecido la pena. Llegamos sobre las 18.30 a Cabezo de Torres, donde nos encontramos con el resto de misioneros de otras partes de España. Ahí, a las 19.00 celebramos la misa de envío para después separarnos en diferentes pueblos y parroquias.carmenllamas

El jueves nos dedicamos a misionar, invitábamos a la gente de la calle a que viniera a la misa de la parroquia en la que ayudábamos. También fuimos a visitar enfermos o personas mayores a sus casas y ofrecerles si querían recibir la comunión. A mi me tocó acompañar, después de comer, al padre Javier a repartir la comunión a un par de ancianos. Para mí, fue una experiencia muy bonita. Otro grupo fue a ayudar a un asilo y ahí hicieron un Vía Crucis con los ancianos y los llevaron de paseo por Cartagena. Por la tarde fuimos a misa y por la noche hicimos un Solnight. Esta actividad consiste en invitar a gente de la calle a rezar a la iglesia, y la hicimos desde las diez de la noche hasta las dos y media de la madrugada.

La jornada del viernes fue muy parecida a la del día anterior: invitamos a la gente a los oficios y también fuimos a visitar ancianos. Después de los oficios, que fueron por la tarde, tuvimos una actividad todo el grupo junto, que consistía en explicar y reflexionar sobre nuestro día.

El sábado fue un día diferente. Nos desplazamos hasta puerto de Mazarrón y ahí todas las ciudades hicimos un rosario por en medio del pueblo e hicimos juegos en la playa con todo el grupo. Fue un momento de convivencia muy divertido, sobre todo para conocer a diferentes personas con mis mismas inquietudes. Por la noche tuvimos los oficios y luego otra actividad con el grupo entero.

El domingo fue el último día y tuvimos la misa de Resurrección con todos los grupos de misioneros de los diferentes pueblos. Después nos despedimos y cada uno volvió a su ciudad. Llegamos a Barcelona sobre las 21.30, después de un largo y cansado viaje.

Estas misiones fueron diferentes, al igual que todas las anteriores. Al final todas te aportan algo y la mejor lección que me llevo es que cuanto más me dejo y me entrego en las manos del Señor más feliz me siento”.

 

 

 

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Visita a Iesu Communio. “Es un lujo poder acceder de un modo tan cercano a personas como ellas”

Ana María Rodríguez Segura, Primero de Periodismo. El pasado sábado día 12 de marzo, algunos de los colegiales visitamos La Aguilera, en Burgos. Dos entretenidas horas de viaje desde Madrid para llegar al instituto religioso femenino de las Iesu Communio.

Llegamos a La Aguilera sobre las 5 de la tarde y nos pasamos directamente al encuentro con las monjas. Nos recibieron con una canción y continuamos con las presentaciones de los grupos para pasar a las preguntas. Comienza el turno de preguntas. Yo hasta el momento comenzaba a estar alucinada, en todo el esplendor de la palabra. Lo comenté con Paulina: las caras de las muchachas desprendían una luz como nunca antes me había percatado, y digo muchachas porque muchas de ellas no tenían más de 25 años; y las demás no se quedaban tampoco demasiado atrás. Todas eran muy jóvenes y solo algunas habían sentido la vocación desde siempre: había quienes había sido auto-declaradas ateas firmemente, y quienes aun siendo creyentes, había vivido, como nos comentaba una de ellas “a lo loco”.

Las primeras preguntas eran las que todo el mundo deseaba conocer: “¿Qué os llama a estar aquí?”, ¿Cuáles son vuestros quehaceres diarios?”, “¿Por qué renunciáis a una vida fuera para tenerla aquí?” La cosa se iba poniendo más interesante, no solo por las preguntas, sino porque ellas mismas nos contestaban con la máxima sinceridad posible, contando su experiencia para que lo comprendieramos. Digo “comprendieramos” porque una persona universitaria de 18, 19 o 20 años, no piensa en poner su vida al servicio de su fe. Se piensa que es una locura y no se alcanza a comprender el asunto. Por eso mismo, continuamos haciéndoles (y haciéndonos) preguntas.

Una de las respuestas a las anteriores fue “por vocación”. En ese momento, lo entendí muchísimo mejor. Nos comentaban que igual que una persona tiene vocación de médico o de abogado, ellas sentían vocación a la fe, a Dios. Allí encontraban plenitud a la vida y buscaban sentido a la existencia. Ellas mismas nos afirmaban que eran preguntas que con frecuencia muchos de nosotros nos hacemos, sin profundizar y sin encontrar (como es de esperar) respuesta.

Tras las preguntas y respuestas llegó el que para mí fue el momento en que más aprendí de todo. Se nos acercó una chica para terminar de contestar una de las últimas preguntas que se le habían formulado. La pregunta era sobre la felicidad con y sin la fe a Dios en la vida. Esta chica, que se llamaba Almudena, se acercó a Pablo Ballesteros (compañero del CM y artífice de la pregunta) para contestarle de la manera más humilde, sencilla y sincera que pudo. De todo lo que me pudo fascinar, me quedo con lo siguiente. Ella tenía 19 años, llevaba un año y medio en la orden y esta semana iba a pasar a ser novicia. Ella sentía la fe desde pequeña y decidió sumergirse completamente tan jovencita. Cuando todos la mirábamos sorprendidos, ella nos seguía explicando (con la misma luz en el rostro que comentaba al principio) que no renunciaba a una vida, sino que había elegido cómo quería vivirla. No iba a renunciar a tener hijos (sí físicamente), porque ella nos amparaba con la oración. Quería vivirla extendiendo su fe, y entre otras cosas, lo estaba notando ya que, como nos comentaba, no hubiera sido capaz de levantarse a contestar esa pregunta hace varios meses, pues ni ella misma tenía la respuesta. Ella era feliz allí.

Había mucha información para interiorizar hasta ese momento, y ya estábamos acabando la visita. Tras la misa y la imprescindible compra de dulces, subimos al autobús para regresar a Madrid. Y como no podía ser de otra manera, el debate y las sensaciones siguieron durante la mayor parte del trayecto. Realmente era alucinante ver a tan numeroso grupo de mujeres unidas por algo tan inefable como es la fe. Seas o no creyente, es un verdadero lujo poder acceder de un modo tan cercano a personas como ellas.

Muchas preguntas se me quedaron en el tintero. Y las que llevaba, siguen sin ser respondidas. Una vez allí y después de la visita, te vuelves a replantear muchas cosas. Pero tras la experiencia, sé que si hay algo imprescindible en esta vida es no dejar de hacerse preguntas.

 

Margarita Pons: “Aula me ayudó a descubrir lo mucho que me apasiona mi carrera”

Mª Margarita Pons, 1º de Bellas Artes y Diseño. Aula ha sido para mí un reto pues, nunca antes había tenido tal responsabilidad como la de representar, aunque fuera en pequeña medida, una institución a la que pertenezco como es actualmente la Universidad Francisco de Vitoria. Me resultó de lo más emocionante ver cómo yo, sin tener preparación para “vender algo”, lograba contagiar las ganas de que los demás se acercaran a conocer sobre esta Universidad y la influencia que puede llegar a tener algo tan simple como el testimonio de un alumno, en mi caso, la que ha sido mi experiencia hasta ahora.

Se viese de donde se viese, el ambiente de nuestro stand marcaba la diferencia. Saltaba a la vista el entusiasmo que había en cada uno de los que estábamos allí, nosotros si estábamos allí por voluntad propia y con ganas de darlo todo a fin de conseguir contagiar nuestra energía universitaria a todo aquel que se acercara.

Quise ir a Aula pensando en la oportunidad que a mí me habría gustado tener de conocer la universidad mediante el testimonio de sus propios alumnos.

Aula me ayudó a ver la importancia de presentar nuestra experiencia universitaria en su totalidad, teniendo conciencia de la importancia que puede llegar a tener el testimonio dado, pudiendo mostrarle a los posibles futuros alumnos lo que de verdad importa, y no distraerse con factores secundarios como pueden ser la duración de la carrera o las salidas laborales del momento. Es sorprendente algunos de los criterios por los que una persona puede llegar a elegir o descartar una carrera o Universidad. Me chocó mucho como una madre, ante la ilusión de su hija por estudiar Bellas Artes y Diseño, carrera que yo misma estoy cursando, fue capaz de negarle la oportunidad por el simple hecho de que ésta consta de cinco años. ¿ Acaso es esa una razón suficiente para tomar una decisión tan importante? En mi opinión pienso que vale la pena estudiar un par de años más si es algo que realmente te apasiona.

Aula me ayudó también a valorar los padres que tengo. Mi madre me ha motivado siempre a estudiar lo que yo quería, a elegir la carrera que me gustaba, independientemente de lo difícil o fácil que esta fuese o a que trabajo me pudiese a llevar. Mi madre siempre me dio esa libertad de elegir lo que verdaderamente me hiciera más feliz. Y pude poner esto en valor, ante la diferencia existente entre los chicos que venían solos, o aquellos que venían muy condicionados por la compañía de sus padres. Al venir solos, era como si tuviesen claro qué querían y las respuestas que necesitaban, sin embargo cuando venían con sus padres, mostraban menos interés, más bien se limitaban a asentir a lo que sus padres preguntaban, aceptando de algún modo que ellos tendrían la última palabra.

Fue una experiencia inolvidable que, sin duda alguna, recomendaría a todo aquel que se planteara asistir. Yo tengo ganas de poder volver a Aula todos los años que me sean posibles.

Encuentros de Cine. Por Andrés Rey

Andrés Rey. 1º de Comunicación Audiovisual y Publicidad.

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El otro día Chema Alejos, profesor en la Universidad, nos honró con una visita y la visualización de un vídeo enmarcado dentro del ciclo del Encuentro que estamos viviendo en el Colegio Mayor. El vídeo en concreto, nos hablaba de la importancia de la amistad a través de clips sacados de algunas películas elegidas por Chema.

A pesar de estar de exámenes, fue agradable sentarse a ver lo que el eminente profesor, licenciado en Filosofía y Comunicación Audiovisual, tenía que decirnos sobre la amistad. Ciertamente no sabíamos muy bien lo que nos íbamos a encontrar, pero fue muy fácil dejarse llevar por las reflexiones que nos planteó, haciéndonos pensar no solo sobre nuestras propias experiencias, sino sobre lo que significa la palabra amigo.

Incluso a alguno le sorprendería pararse a pensar la de veces que el cine plantea esta pregunta, no en lo superficial pero en lo profundo. Todo esto mientras la mente de uno divaga sobre qué es lo que me está diciendo a mí esta película en esta escena.

Nunca perdió el ritmo, a pesar de que la hora no era la más propicia al ser la sobremesa, y mantuvo el interés de todos, al ser un tema tan presente en la vida universitaria. Mucho más si vives fuera de casa, y la palabra familia empieza a cobrar un sentido más amplio, de repente esas inquietudes, que puedes haber percibido superficialmente en una película, se convierten en cuestiones reales y palpables en tu realidad.

Alejarse de lo superficial, y sumergirse en el tema fue la tónica general de esta tan grata experiencia que nos hizo salir a algunos dándonos abrazos, entre risas y bromas. Pocos lugares se me ocurren donde podría haber puesto este vídeo, tan acorde con la atmósfera de la comunidad que tenemos aquí en el Cole Mayor, pues estas preguntas, estas inquietudes, han dado palabras a un sentimiento que está en el aire en el que poco a poco va convirtiéndose en el segundo hogar de muchos de nosotros.

Pero la reflexión va mucho más allá de lo bonito que es todo aquí. El mensaje del vídeo va dirigido a cada uno, a su persona y su realidad, y si es cierto que eso es lo grandioso de ver las mismas reacciones en todos, es uno mismo quien experimenta la necesidad de plantearse su papel como amigo. Pues no todas las relaciones supuestamente llamadas amistad, son verdaderas amistades, y esto va más allá de la frivolidad de agregar a alguien al Facebook. Por eso aunque uno sale feliz de lo que tiene, de lo que ha construido, o mágicamente encontrado, la semilla de la inquietud ha sido sembrada en la conciencia. No hablo de culpa, sino de un serio análisis de cuáles son mis relaciones y si soy un buen amigo, o estoy soportando a gente que no son amigos míos, entregando mucho más de lo que recibo.

Puedo hablar por todos los que asistieron a la visualización, y decir que nos llegó muy adentro, apelando a preocupaciones que en esta etapa de nuestra vida son definitorias de nuestro carácter y obligándonos a reflexionar de un modo crítico y agradecido el papel de aquellos que son llamados amigos.

Acto de Apertura del Colegio Mayor, gran Encuentro de una gran Comunidad

Inicia el curso 2015-2016, y el Colegio Mayor lo celebra con un solemne acto de apertura. Este año hemos elegido como lema y tema de reflexión #EncuentroCM, y este acto sin duda fue una gran oportunidad de encuentro, entre colegiales, formadores, profesores y también con Dios. Precedieron el acto Doña Agustina Jutard, Don Clemente López, P. Florencio y el lector magistral Ángel Barahona (vídeo).

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La tarde inició con una Celebración Eucarística, presidida por el Padre Florencio, quien nos invitó a vivir al 100 x100 la Universidad, a enfrentarnos a las grandes preguntas que surgen en esta etapa, incluso cuando no tengan nada que ver con nuestra profesión. Los colegiales se volcaron en la preparación de la misa: cantos, violín, flores, cuaderno litúrgico, oración de los fieles, ofrendas, y en especial la actitud de respeto y su elegante presentación. El acto continuó en el Aula Magna, precedido por nuestro Vicerrector Clemente López, P. Florencio, Agustina Jutard y el lector magistral, Ángel Barahona.

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Ángel se dirigió a la audiencia de colegiales, con cercanía y mucha profundidad, guiando una riquísima reflexión en torno a “La Comunidad, como espacio de Encuentro”. Explicó cómo “el encuentro con el otro te da la vida, es descubrir algo de ti que no sabes”. En concreto, habló de sí mismo y de las distintas comunidades de las que forma parte y se enriquece, su familia, la Iglesia y reconoció que “la Universidad también es mi comunidad, vivimos en una verdad que nos complementa”. Admitió que en toda convivencia surgirá el roce, pero que “lo que hace crecer a la comunidad es que haya equilibrio en el conflicto, no que no los haya”. Agustina Jutard, directora del Colegio Mayor, también se dirigió a la asamblea, destacó la importancia de la Universidad, para la construcción de una sociedad madura y solidaria. Habló del Colegio Mayor como una gran escuela de aprendizaje, entrega, formación y donación; el espacio donde se forman los grandes hombres y mujeres que la sociedad exige en el ambiente familiar y profesional.

DSC_0095 Concluyó el acto con un vídeo preparado por Sabela García y Paula Arocha, colegiales, donde nos hablaron de la comunidad a través de la imágenes de los primeros días del curso, jornadas de veteranos, días de integración y actividades por la noche.
La tarde concluyó con un rico cóctel entre colegiales, formadores y algunos profesores.

Nuestros colegiales veteranos pasan un día como voluntarios en Fundación Altius

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Ya es tradición en el Colegio Mayor que los colegiales veteranos lleguen unos días antes de la apertura del curso para preparar la recibida de los nuevos y profundizar en la importancia y vocación al servicio que conlleva ser veterano. Por eso, dedicamos una de las #JornadasDeVeteranos2015 a hacer voluntariado. La Fundación Altius abrió sus puertas a un grupo de 50 veteranos. Pablo Aledo, director de la Fundación explicó a los chicos los distintos proyectos en los que están trabajando y en los que les invitó a participar a lo largo de ese día.

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Los veteranos se pusieron al servicio de diversas causas: ayuda al desempleado, ayuda a la familia, agradecimiento a los donantes, y múltiples labores prácticas de orden y organización. Fue una gran experiencia en la que descubrieron el valor de la gratuidad y de la importancia de que en toda comunidad nos apoyemos los  unos de los otros, convicción que traerán al Colegio Mayor durante todo este curso.

María Suárez, bloguera y misionera: “parece mentira que ya estemos camino a casa”

IMG-20150720-WA0001  María Suárez, Excellens: Parece mentira que ya estemos camino a casa. Lo que en un principio podían parecer eternas tres semanas, estas han resultado quedarse cortas.
Jueves 9 de julio. Como es de costumbre aquí, los voluntarios de Mother’s house tienen su día de descanso. En nuestro caso, decidimos visitar la leprosería creando así un grupo de 50 personas aproximadamente. El viaje fue largo y el sitio, a pesar de su lejanía y situación, acogedor. En él pudimos ver cómo vivían los enfermos y sus familiares. El lugar es precioso, repleto de vegetación y de un color azul celeste, como la gran mayoría del resto de casas.
Es alucinante ver como aquellas personas, a pesar de su situación, siempre tienen una gran sonrisa esperándote.

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Viernes 10 de julio. Ultimo día de voluntariado. No podíamos despedirnos de la India sin vivir una inundación como consecuencia de las lluvias del monzón. Si nos quedaba alguna clase de escrúpulos, hoy ha sido el día para terminar de superarlos. El agua nos llegaba hasta las rodillas, pero, a pesar de ello, no nos impedía el querer disfrutar de nuestro último día.
En mi caso, llevo yendo durante dos semanas y media a Prem Dan, que es una casa que aloja a señoras mayores. Como cada mañana, nos esperaban las sisters y las massis para empezar con las tareas, acompañadas de una música típica de aquí, que se me hará raro no escuchar cada mañana. He de confesar que en un primer momento yo no estaba nada convencida con Prem Dan, pero, finalmente decidí tomármelo como un reto. En ella hemos fregado, lavado y tendido ropa, hecho camas, dado de comer y hecho compañía a las ancianas. A pesar de parecer todo muy mecánico, cada día se presentaba diferente al anterior. Cada nuevo día que pasaba me sentía como en casa, la verdad es que da gusto ser siempre bien recibido.
Por la tarde, he estado yendo a Nirmala Shishun Bhavan, con niños discapacitados. Empezar a ir a esta casa me supuso menos esfuerzo, ya que siento una gran ternura con los niños. A esta casa no hemos ido tanto, solo un par de veces a la semana y es inimaginable el cariño que se les llega a coger en tan poco tiempo. He disfrutado y me he reído muchísimo con ellos.
Estos días han sido increíbles, tanto que madrugar (más que para ir a clase) no suponía una carga. Como he mencionado con anterioridad, esta experiencia me ha sabido a poco y regreso a casa con ganas de quedarme un poco más. Si me preguntan el por qué, no sabría que responder, ya que hay que vivirlo para saber que se siente. Los primeros días siempre son duros, y más si caes enfermo, que ha sido el caso de todos y cada uno de nosotros, pero forma parte de esto. Me voy con un buenísimo sabor de boca y, sin duda, con ganas de repetir.

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Una de las cosas que me llevo de Calcuta es el sentir desde el minuto uno que eres parte de esto y que no eres nuevo, tanto por el trato y la cercanía con la asistencia que recibes.  Aquí te sientes muy querido. Como dijo la Madre Teresa “Intense love does not measures, it just gives”

Amanda Posse, desde Calcuta, describe con palabra y dibujo lo que está descubriendo de sí misma y del Otro

“Sinceramente no soy una persona a la que le guste reflexionar y compartir lo que ve, siente o experimenta. No me resulta fácil poder plasmar en un conjunto de palabras ordenadas todo lo que se pasa por mi cabeza. Sin embargo, sí que puedo asegurar que este viaje me está ayudando a descubrir a otras personas, culturas, experiencias e incluso a mí misma. Saber hasta dónde puedes llegar o cómo reaccionas ante situaciones frente a las que nunca te habías encontrado hasta el momento.

Es algo que recomendaría a cualquiera que le apetezca sentir cosas nuevas, descubrir mundo, ayudar a los demás y hacer una que otra visita de más al baño. Creo que hablo por todos nosotros cuando digo que nunca olvidaré este viaje”.

Nuestra tercera blogera-misionera desde Calcuta es Amanda Posse, es de Pontevedra y acaba de terminar su primer curso de Medicina. Dice de si misma que “no le gusta reflexionar y compartir lo que ve”, quizás no suele hacerlo, o no es consciente de sus dotes como narradora e incluso como dibujante que está desarrollando en estas misiones y que nos comparte en esta entrada. Amanda aquí nos habla de dos días en particular: el primero su día de descanso, y el segundo conicidentemente, su cumpleaños.

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Amanda Posse. Medicina. A pesar de la constante humedad y el calor a los que prácticamente ya nos hemos acostumbrando, el día se presentaba bastante prometedor: Un recorrido turístico por la ciudad de Calcuta.

Para algunos esto se debía al hecho de poder dormir una hora más, descansar durante un día, estar con otros españoles o incluso a la oportunidad de poder desayunar en condiciones (El jueves es el único día en el que tenemos tiempo).

El encargado de “guiarnos” a través del caos establecido en las calles de Calcuta era Raj, el dueño de un restaurante al que solemos ir a cenar pizza cuando no fallecemos a lo largo de día. La verdad es que pensábamos que seríamos un grupo reducido: nosotros, dos valencianos que habíamos conocido y quizás alguna que otra persona más.
Sin embargo, aquello acabó pareciendo una secuela de “Ocho apellidos vascos”, unos treinta españoles sueltos por Calcuta.

No podríamos haber probado más medios de transporte en un mismo día: Autobús, barco y metro.

Primero fuimos al mercado de las flores, donde abundaban el color, el olor y la variedad. En la India se usan para casi todo tipo de ceremonias y ofrendas, por lo que el lugar estaba abarrotado y el simple hecho de seguir al último del grupo se convertía en una odisea con cada par de metros que avanzábamos.

Lo siguiente que deberíamos haber hecho era visitar un par de templos. Digo deberíamos porque la sorpresa fue encontrárnoslos cerrados, por lo que nos tuvimos que conformar con ver sus patios y exteriores.

Después fuimos a ver cómo era un crematorio, donde los cadáveres de los hindúes son incinerados. Posteriormente sus cenizas son esparcidas por el río con la intención de liberar el alma del fallecido.

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Por último, nos llevaron a comer a un restaurante en el que probamos una reducida variedad de platos indios. Nosotros lo intentamos, de verdad, aunque finalmente perdimos la batalla contra el picante y las especias y pedimos unas pizzas (para variar un poquillo, vamos). He de decir que todo estaba muy rico, eso sí, siempre que estés dispuesto a dejarte el esófago en el intento.

Después de esto cada uno se fue a su hotel a descansar y darse esa ansiada ducha con la que creo que todos soñamos a lo largo de la jornada.

El día siguiente (3 de julio) era mi cumpleaños. El tema ya había surgido un par de veces a lo largo del viaje, por lo que me esperaba unas felicitaciones y poco más, pero la verdad es que esta gente consiguió que me sintiera como en mi propia casa.

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Por la mañana cada uno fue al centro que le tocaba, en mi caso Shanti Dan, donde se encuentran niñas y mujeres discapacitadas tanto física como mentalmente.

Enjuagar, escurrir y tender es el patrón de trabajo que seguimos durante las dos horas anteriores al descanso. Después de este, realizamos diferentes tareas que dependen de lo que nos manden las “mashis” (Mujeres indias que trabajan allí y se encargan de distribuir las labores).

Como todos los días al acabar fuimos a comer al Blue Sky y al finalizar cada uno se fue a su habitación a descansar.

Por la tarde nos dijeron que íbamos a ir a tomar unas pizzas a la de Raj para celebrar mi cumpleaños. Vale, todo tranquilo y cotidiano hasta aquí. ¿Qué es lo que pasó? Pues que al llegar al local me encontré con todos (Y más) cantándome el cumpleaños con música a tope y guirnaldas.

Con eso de “Y más” me refiero a gente con la que había hablado UNA vez en mi vida (incluso ninguna si me apuras). La verdad es que estuvo bien ver a personas que no conoces abrazándote y deseándote suerte y alegría en la vida (palabras textuales). No, en serio. Me hizo pensar. Me hizo pensar en lo mucho que se esfuerza la gente para hacerte sentir bien. En el empeño que ponen para que ese día tan tuyo se convierta en algo especial a pesar de estar a miles de kilómetros de tu casa. En lo rápido que se les coge cariño a las personas que merecen la pena.

Por si todo esto fuera poco, me hicieron los mismos regalos que me hubiera hecho a mí misma si me tuviera que haber comprado yo algo (Aciertos 100%) y una tarta digna de “Master Chef” a base de pan de molde, Nutella, Kit Kat y Oreo.

Sinceramente no soy una persona a la que le guste reflexionar y compartir lo que ve, siente o experimenta. No me resulta fácil poder plasmar en un conjunto de palabras ordenadas todo lo que se pasa por mi cabeza. Sin embargo, sí que puedo asegurar que este viaje me está ayudando a descubrir a otras personas, culturas, experiencias e incluso a mí misma. Saber hasta dónde puedes llegar o cómo reaccionas ante situaciones frente a las que nunca te habías encontrado hasta el momento.

Es algo que recomendaría a cualquiera que le apetezca sentir cosas nuevas, descubrir mundo, ayudar a los demás y hacer una que otra visita de más al baño. Creo que hablo por todos nosotros cuando digo que nunca olvidaré este viaje.

Teresa, desde Calcuta: “todos tenemos el deseo de encontrar aquí algo que nos toque y nos llene de verdad y que no somos capaces de describir “

Quizás el nombre es pura coincidencia, pero una de nuestras misioneras en Calcuta se llama Teresa. Cordobesa,  Antigua Colegial Biotecnóloga. Teresa está viviendo una experiencia muy intensa en estas misiones, se pregunta qué les motiva a “los pobres de los pobres” (como los llama Madre Teresa) a seguir luchando, a la vez que se admira de la riqueza de trabajar en equipo para servir a los demás.

Entre días de mucho trabajo, calor, alegrías y mucha oración, Teresa se ha buscado el tiempo para escribir unas líneas sobre lo que está viviendo día con día.

Transcribimos aquí, sus palabras, llenas de sencillez, preguntas y mucha profundidad.

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Teresa González. Biotecnóloga. El día 21 de junio cogimos el avión desde Nueva Delhi a Calcuta. Cuando salimos del aeropuerto nos encontramos con un intenso calor y nos dirigimos a un taxi. Dentro de éste, junto con los traqueteos y sobresaltos típicos de aquí, nos adentramos a las calles de Calcuta. En mi taxi, la mayor parte del trayecto fuimos en silencio, asimilando los pensamientos y emociones que nos producía lo que veíamos. ¡Cuánto choque de cultura, cuánta diferencia a lo que tenemos en nuestro país, cuánta pobreza! Lo que tantas veces habíamos visto en pelis, ahora era real y estaba delante de nuestros ojos. Yo me preguntaba, mirando a la multitud de hombres, mujeres y niños viviendo en las calles, qué los motivaría para levantarse por las mañanas y seguir luchando.

Después de comer, fuimos al entierro de sor Nirmaya, sucesora de la madre Teresa. No pudimos entrar en Mother House debido al tumulto de gente que quería despedirse de ella y manifestarle su admiración y gratitud. Es curioso que nuestra experiencia aquí comenzara con su despedida.

Al día siguiente, nos levantamos más tardecito y después de un buen desayuno, nos dirigimos a hacer una visita por Calcuta: el Victoria Memorial Museum, primero y el Nuevo Market. Durante el trayecto, fuimos conversando unos con otros. Así iba aumentando la confianza y el afecto entre nosotros. Personalmente, me siento muy agusto en este grupo: nuestras diferencias lo enriquecen y nos ayudan en nuestra misión común, el servir al otro.

Por la tarde, asistimos por primera vez a la adoración con las misioneras de la caridad en Mother House. Me impactó muchísimo una escultura de la madre Teresa orando, situada junto al resto de las Sisters. Pensé en lo chiquita que era en dimensiones y lo grande en corazón, fuerza y humildad. Su gran labor con los más necesitados, la podemos admirar de cerca aquí en Calcuta.

Por la noche, tuvimos una puesta en común para presentarnos más en profundidad y explicar los motivos por los que estamos aquí. Es curioso como todos tenemos el deseo de encontrar aquí algo que nos toque y nos llene de verdad y que no somos capaces de describir en nuestro mundo desarrollado y lleno de lujos y oportunidades. El viernes fue nuestra primera jornada de voluntariado en sí. Comenzamos con misa en Mother House y después con un desayuno junto con el resto de voluntarios. Se respiraba un ambiente de convivencia y cercanía. En esta primera mañana nos distribuimos en tres casas de manera provisional (niños, jóvenes, mujeres y ancianos con problemas). Por la tarde, fuimos a registrarnos y nos asignaron las casas de trabajo para estos días.

Después, junto a la tumba de la madre Teresa y en voz bajita, contamos nuestra experiencia del día. Fueron muy diversas y las emociones en nosotros: ganas de ayudar y trabajar, miedo, dudas… pero la situación a la que nos enfrentábamos era dura pero real, muy real, y todos estábamos dispuestos a ello. Terminamos el día con la adoración al Santísimo buscando fuerzas para dar lo mejor de nosotros mismos en esta aventura que comenzaba.

El sábado, después de la misa y desayuno habitual en Mother House, nos dirigimos cada uno hacia su casa de trabajo. A mí, junto con otras compañeras, me ha tocado trabajar en Santi-Dar, una casa con adolescentes con diferentes trastornos psicológicos y deficiencias. En la casa ayudamos a lavar la ropa, fregar y estar con las niñas, darles de comer o lo que se requiera en cada momento. Aparentemente, acciones muy simples pero cargadas de sentido. Hay momentos duros pues la situación de las niñas es difícil y te llega dentro. Sin embargo la alegría y plenitud que experimento al darme a unas niñas que nos necesitan para todo, hace que cada día interiorice más lo que dijo la madre Teresa: “Si no es para los demás, la vida carece de sentido”. La tarde la tomamos de descanso y terminamos el día con la adoración al Santísimo.

El domingo, por diferentes motivos, bastantes, entre ellos yo, caímos “pachuchillos” y no pudimos acudir a la casa de trabajo. Pero no duró mucho. Por la tarde, fuimos a una convivencia de voluntarios que las Sisters organizan una vez al mes. El ambiente fue genial, tuvimos cantos, testimonios, contamos el por qué estábamos aquí en grupos en función del idioma, tuvimos Hora Santa y finalmente, terminamos con una cena.

Es sorprendente el hecho de que tantos jóvenes de tan distintos países e idiomas vengamos a Calcuta con la intención de darnos a los que más lo necesitan y esperando encontrar en esa donación un sentido que llene nuestra vida. Es admirable cómo la vida y labor de la madre Teresa ha cambiado y seguirá cambiando vidas.

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