SOFÍA MORALES – “Después de este viaje me siento acompañada”

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Lo primero que pensé cuando me dijeron que iba a Barcelona era que quería ir, pero de esa forma en que sabes que no vas a ir al final. Y hablando con mis amigas me dijeron “Oye, pero no vamos a ir” y sentí que tenía que hacer el viaje, no sabía por qué, pero tenía que ir. Ya yendo a Barcelona me empecé a dar cuenta, que estaba aquí para averiguar unas cosas que me planteaba y que había venido para algo. A lo largo del fin de semana la respuesta a esas preguntas.

Además, quería encontrarme a mí misma. Aparte de ver Barcelona, que era lo principal al principio, poco a poco se fue convirtiendo en plantearme yo cosas y ver si a través del fin de semana me iba respondiendo a esas preguntas. Eso vino después, primero el “que guay Barcelona”, y luego las preguntas.

Puedo decir que a la mayoría encontré respuestas, pero me han surgido más cuestiones que no me habrían aparecido sin ir al viaje, junto con la solución a muchos problemas que yo tenía. A lo largo del fin de semana, desde el primer momento yo ya estaba recibiendo señales y respuestas.

De la peregrinación me quedo con dos momentos. El viernes fuimos a la Sagrada Familia y tuvimos misa allí y fue una pasada. Desde ese momento, con la homilía del padre yo ya estaba sacando cosas dentro de mi corazón y estaba ya pensando que sí, que lo que yo me planteaba tenía solución y respuesta. Como segundo, me quedo con Montserrat el domingo, que aparte de las preciosas vistas, andar para arriba un poco y verlo todo, destaco la misa y la visita a la virgen.

Me ha sorprendido lo intensos que pueden ser tres días, que ni tres días fueron, fue increíble, porque yo nunca pensé que fuera a pasar tan rápido, y la de cosas que podían pasar en un espacio de tiempo tan pequeño. La piña que hicimos como grupo fue genial, yo hablaba con gente con la que nunca me había relacionado y ahora he construido una relación muy buena. Y también el conocerme a mí misma en un espacio de tiempo tan pequeño.

El espíritu de comunidad que hicimos no se ha quedado allí. El lazo se mantiene, seguimos hablando y viéndonos, sabiendo que nos vamos a volver a ver y reunir para hablar después de regresar a casa. Yo creo que va a permanecer algo, porque ha sido una experiencia que hemos vivido solo nosotros, tan fuerte, tan intensa, que ni se va a olvidar ni se va a pasar por encima porque cada vez que veo a alguno de los que haya ido a Barcelona siempre me acuerdo, porque es algo hemos vivido juntos. Lo que yo he vivido también lo ha experimentado cada uno de ellos.

Mi relación con Dios ha cambiado, que antes era más bien poca, no sentía que hablaba conmigo ni que estaba en mi vida ni nada. Después de este viaje me siento acompañada, porque durante la peregrinación sentí que alguien me escuchaba, que estaba ahí cuando lo necesitaba para cualquier cosa que me planteaba, en los momentos buenos y en los malos.

Si pudiera hablar con mi yo de antes de ir a Barcelona, me diría aprovecha al máximo, aunque creo que sí lo hice, pero sobretodo prestar atención a los pequeños detalles. Porque en el viaje hay pequeñas cosas que si te fijas no sabes porque te estás fijando, y a través de ellas dices “por algo será”, y creo que podría haberles prestado más atención. Podemos mirar algunas cosas, pero las pasamos por desapercibido y no nos damos cuenta de que nos está preguntando algo, y creo que eso es importante.

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