MANUELA PAREDES – “Creo en la amistad en la familia y creo en la familia en la amistad”

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Dicen que no hace falta la misma sangre para ser familia. Un día aparece alguien en tu vida que deja la palabra amistad en mal lugar. Da igual que sea chica y chica, chico y chico, o mezclados. Alguien con quién avanzas de la mano aunque no esté. Una compañía de juegos, de ropa, de peleas. Conoce todos tus secretos y momentos. Es tu hombro donde llorar y un abrazo todos los días. Complicidad y confianza ciega. Te deja impregnado su sello sin pedirte nada a cambio. Que aunque se vaya lejos, nunca le olvidas. Que te avisa primero de que la vas a cagar y te repite el te lo dije cuando no le hiciste ni puto caso y la cagaste. Que siempre te desea lo mejor y nunca le convence nadie lo suficiente para ti. Que ríe contigo cuando le cuentas otro primer beso y llora cuando te han jodido otra vez. Sabe que tienes un mal día y aparece en la puerta de casa y te obliga a salir a la calle: O sales tú o te saco yo, sonríe. Y, (…), le abrazas.

Te manda canciones nuevas cada día, comparte los cubatas contigo: ¿Lo de siempre para los dos, no?. Siempre está en disposición de irse al fin del mundo contigo. Y siempre terminan pasando cosas raras o divertidas. Sin planear.

Y si tienes días de pijama, se trae el suyo y coméis chocolate o pipas hasta que se acaben y sea un nuevo día.

Solo tienes que cerrar los ojos para saber quién es. Aparece en tu mente.

Defreds.

Cuando estaba en la charla sobre la belleza en la amistad me vino este texto de un joven escritor gallego a la mente. La forma de hablar de sus amigos, la manera en la que olvidaban cualquier mal que les pudiesen haber hecho, el estar en las buenas y el no abandonarse en las malas… Esa noche pude ver la verdadera amistad con mis ojos.

Soy de esas personas que piensa que lo más bonito que hay en el mundo es la familia, pero también soy de esas personas que creen que muchos de sus amigos tuvieron que ser sus hermanos en otras vidas. Creo en la amistad en la familia y creo en la familia en la amistad. Creo en el amor, y el amor no entiende de sangre.

            Siempre que había escuchado hablar a alguna asociación o fundación de acción social o de voluntariado me había fijado en la forma en la que hablaban de las personas a las que ayudaban. Siempre escuchaba “los miembros” “los hombres”, “las mujeres”… expresiones cultas y masivas. Cuando vinieron los de Bocatas les oía decir los nombres y apellidos de las personas, los motes, como les llamaban amigos e incluso como no tenían miedo a decir lo que realmente eran “los toxicómanos”,“los gitanos”… están tan unidos que no tienen que usar filtros para referirse a ellos. Son totalmente naturales.

            Me gusta, es más, me encanta el concepto de amistad que tienen. Aceptan a las personas tal y como son. No intentan manipularlas. No quieren cambiarlas. Quieren acercarse a ellos y ser sus amigos. Pero amigos de verdad, no buscan su amistad con un fin. Buscan crear lazos de amor y cariño. Si después ese amigo decide, por voluntad propia, reconstruir su vida, lo aceptan con ese cambio. Si después recae en la droga, el alcohol, o el problema que puedan tener, lo aceptan con su recaída. Son sus amigos. Y eso es una amistad. Querer a alguien sólo cuando está bien no es ser un amigo, es ser un interesado. Un compañero de lo bueno.

            La palabra amistad es algo muy importante, creo que todos deberíamos aprender un poco de estos voluntarios a la hora de ser amigos. Solemos buscar a gente que se nos asemeja, que nos complementa. Olvidamos que a veces alguien totalmente distinto a nosotros puede cambiarnos la vida. Olvidamos que lo diferente puede ser maravilloso. Que un amigo no tiene porque ser igual que tu, que ahí está la gracia, en buscar amigos donde nunca lo imaginaste, de aprender de gente que tiene una vida muy diferente a la tuya.

            Admiro de verdad el trabajo de estas personas. Ayudar es fácil. Acompañar es algo muy diferente. La amistad requiere de un compromiso. La amistad se forja con momentos, con paciencia, con cariño, con sinceridad y, sobretodo, con ganas.

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