SOFÍA MORALES – ¿Seré capaz?

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¿Seré capaz? ¿Y si no puedo ayudarles? ¿Me he sobrestimado al pensar que puedo hacer esto? ¿Me encontraré con Dios en el Cottolengo? ¿Descubriré mi misión? Todas estas son las preguntas que me hacía desde el mismo momento en el que decidí en ir al Cottolengo.

Me gustaría explicar al más mínimo detalle lo que se vive allí, pero aunque utilizase todas las palabras del diccionario no podría expresar lo que me pasó ese fin de semana. Para que podáis sentir un granito de lo que yo sentí esos días os voy a hablar del corazón.

En primer lugar, debo confesar que me he enamorado del Cottolengo de las Hurdes en tan solo 40 horas que pasé allí, viví un torbellino de emociones. En menos de 2 días me han dejado una huella en el corazón que jamás podré borrar.

En la universidad he descubierto mi pasión por darme a los demás y por trabajar con los más desfavorecidos. Por eso decidí ir al Cottolengo, donde podemos encontrar personas excluidas de la sociedad y enfermos que no podrían seguir vivos si no fuese por ese lugar.

El primer encuentro con los enfermos por la mañana fue difícil como sería para cualquier persona que nunca se ha visto en esa situación. De ahí en adelante ya todo iba sobre ruedas. En ese momento me di cuenta que ellos me iban a poder aportar a mí mucho más de lo que yo podría darles a ellos. Sí les daba de comer, les hacía la cama, les limpiaba, les colocaba, hablaba con ellos e intentaba aportar cualquier cosa que necesitasen, eso nunca sería más de lo que me dieron ellos a mí.

Un amor incondicional que no entendía de razas, ni sexos, ni edades. Me mostraban todo el amor que llevaban dentro, en agradecimiento por lo que hacíamos por ellos. Y lo que ellos no saben, es que soy yo la que tendría que estar dándole las gracias.

¿Fui capaz? Sí, y en esto respondo a otra de las preguntas que me hice. ¿Me encontraré con Dios? Efectivamente, entre las otras mil cosas que pasaban ese fin de semana le sacaba un huequito para dedicárselo a Dios cuando podía y me sentía totalmente acompañada y apoyada en todo lo que hacía. Como he dicho antes, descubrí mi pasión por darme a los demás en la universidad, pero en el Cottolengo descubrí lo que Dios quería de mí y cuál era mi misión. Ahora sé que quiero darme a los demás, porque es cuando más feliz soy.

Pensé en irme de misiones a un lugar desfavorecido que necesitase ayuda como Etiopía o Guinea, pero después de mi experiencia en el Cottolengo entiendo que mi misión no es irme lejos. Hay mucha necesidad dentro de nuestro propio país que desconocemos. Fijaos en el Cottolengo, un lugar que necesita de nuestra ayuda y esta allí olvidado en lo más alto de un monte.

Gracias Cottolengo por enseñarme el camino y la felicidad.

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JORGE BAUTISTA – Peregrinando hacia el Sentido

fto tsMuchas veces el Encuentro es la consecuencia de la búsqueda, y esa búsqueda en muchos casos no es otra cosa que la necesidad que tenemos de dar respuesta a las preguntas fundamentales que acabarán por determinar nuestra propia vida. Tristemente, es frecuente que la rutina, el ruido y el día a día acaban por dejar en un segundo plano estas cuestiones sin una aparente trascendencia práctica, y nos arrastramos por la vida sin verdadera conciencia de lo que somos y para qué vivimos.

El escenario donde se desarrolla la trama es verdaderamente apasionante. No hay lugar en el mundo con mayor riqueza religiosa, histórica y cultural.  Todo esto explica en gran medida el orden del mundo tal y como lo conocemos hoy en día. Como persona interesada en las Relaciones Internacionales, creo que sin duda este es el espacio propicio para hacerse toda pregunta en relación al ser humano, el mundo y Dios.

Como creyente, otras preguntas resonaban con fuerza en mí ¿Quién es esta Persona que marca el inicio de la nueva era en la historia? ¿Qué mensaje de vida quiso transmitir? ¿Toda esta historia tiene algo que ver conmigo y con mi vida? En absoluto son preguntas fáciles que puedes resolver en un minuto con una respuesta simple, pero mirar, escuchar y tener una actitud de apertura a la realidad que se te ofrece sin duda lleva a sacarle todo el partido a este lugar. La vida va de ser feliz: puedes pasar por un lugar, o dejar que ese lugar pase por ti, tú eliges.

Pero sin duda, esta peregrinación nos puso a todos los peregrinos independientemente de nuestras creencias delante de la pregunta, y nos permitió forjar críticamente a todos lo que cada uno pueda creer o no creer y cuál es el verdadero sentido de nuestras vidas. La cuestión no es baladí, pues muchas veces creemos, pensamos o actuamos en base a los que otros nos dicen o de acuerdo a los modelos de vida, comportamiento y éxito que nos venden desde los medios de comunicación, el mundo de la cultura y el espectáculo u otras estructuras sociales que marcan el pensar social  mayoritario en un determinado país y época.

Básicamente, la dinámica del viaje consistía en visitar cada lugar, recrear a través del Evangelio los acontecimientos que allí se vivieron, compartir el nexo entre dichos sucesos y nuestra vida y finalmente un periodo de silencio y reflexión en cada lugar de manera individual. Cuarenta estudiantes universitarios que diferían en carreras, motivaciones y creencias. Todos acompañados por un equipo de profesores y sacerdotes capaces de iluminar el contexto y sentido de cada paisaje que se cruzaba en nuestros caminos.

El mar de Galilea, el desierto de Judea, el monte de las Bienaventuranzas… Jamás escuché silencios que hablaran con tanta fuerza. Silencios que eliminan aquellas cosas irrelevantes de tu vida que hasta  entonces consumían tu tiempo y energía, para centrarte en Aquello que de verdad es importante y dar un rumbo a tu vida conforme a eso.

Es tremendamente gratificante la sensación de plenitud que queda después de hacer tal experiencia de libertad, entendiendo a través del silencio, la reflexión y la historia que nuestras vidas tienen un sentido, que hemos sido llamados a hacer cosas de valor en este mundo y que nuestro modo de obrar en él dejará una huella. En definitiva, supone comprender por qué tipo de vida quieres apostar. ¿Y  tú? ¿Por cuál apuestas?

ANDRÉS REY – ¿Hay que ir arreglados?

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Siempre es importante la cena con el rector. No se hace ningún acto, ni hay ningún cóctel, pero todo el mundo lo comenta y hay alguien que pregunta lo mismo: “¿hay que ir arreglados?”. Es importante porque por un día, esa figura todopoderosa de la universidad cena con nosotros en nuestra cafetería, en ese momento común en el que nos juntamos al acabar el día. El momento de sentarte con tus amigos, de pararte a comer con la gente a la que no has visto en todo el día, juntos, compartiendo la vida. Y de repente el señor rector invade el espacio.

No es una invasión violenta, pero es como cuando tus padres invitan a un amigo a cenar en casa. Sí, es tu casa; sí, es un momento privado de los tuyos, pero hoy hay que ser un poco más formales, o hay que aparentarlo por lo menos, enseñar la mejor cara y ser todo lo correctos que nuestros padres quieren que seamos. Ese es el sentimiento que se respira cuando viene el rector a cenar.

Entonces llega la charla de después, y el tono de la situación se transforma de formal apariencia, a sincera asamblea. No significa que se desate el caos, sino que es la hora de compartir nuestra experiencia colegial y universitaria, y para ello, el Colegio Mayor confía en los representantes de los comités (Baile, Coro, Deporte, Debates, Teatro, Frikité e Ikea). Tiene sentido, porque es con los comités como nos expresamos, es donde ponemos lo mejor de nosotros, es cuando nos relajamos para hacer lo que nos gusta. Además, a todos nos ilusiona presumir de lo que hacemos, sacar pecho y hablar de la actividad que hace cada comité, confesando por qué bailamos, debatimos, actuamos o jugamos.

Y que no os engañen, porque esto es lo más importante. Ya sea cantando, o decorando el CM, disfrutamos dándonos a nuestra comunidad. Sé que suena a típico discurso institucional (creedme, me he sorprendido en este tono varias veces), pero para el que se ha subido a un escenario, delante de sus amigos, de sus formadores, de la persona que le gusta y de esa que no soporta, de repente el discurso de pose se torna real. Disfrutamos porque sabemos que somos buenos, porque nos atrevemos y porque es diferente, porque es nuestra seña de identidad, y nos damos, vaya si nos damos, no porque haya una multitud delante, sino porque enseñamos nuestra vulnerabilidad desnuda. Porque les decimos a nuestra gente, a nuestra gran familia, qué es lo que sabemos hacer, y que esto es para ellos. Es un regalo, pero no en forma de coreografía, de actuación o partido de futbol, sino que el presente somos nosotros (citando a Peter Dinklage, “yo soy el regalo”). Que no es fácil hacer eso, o ya habiendo superado miedos, no es poco.

Como veterano ya he vivido actos y eventos colegiales suficientes como para haberme dado cuenta. Veo a mis compañeros dedicando tiempo, libre o de estudio a veces, para que el resto sea feliz en un sentido u otro, muchas veces sin recibir el reconocimiento que merecen. Ese es el regalo. Por eso nos damos a nuestra comunidad, no porque suene bonito que lo escuchen los padres de futuros colegiales, sino porque mi gran familia, mis amigos, mi gente, se donan y soy feliz donándoles. Compartimos. Vivimos. Somos juntos. Y aunque sea tonto, es a través de algo tan simple y pequeño como un comité. Hay que vivirlo para entenderlo del todo, porque, aunque los formadores sean testigos de ello (y partícipes), es algo muy nuestro.

Aunque la charla no va solo de los comités. Habiendo hablado ya los presidentes, son los colegiales quienes pasan a preguntar al rector. Se espera que alguien mencione los baches de la uni, pero es el rector quien se adelanta al tema recurrente y lo saca él mismo (habría sido la wifi, pero últimamente va bastante bien). Algunos aprovechan para preguntar por la labor del rector, que en el fondo nadie sabe bien qué hace, y otros preguntan por nuevos grados (ojalá Historia), porque es el momento de preguntar al rector, de hacerle saber que pasa por la cabeza de los estudiantes del Cole Mayor. Y es que nosotros, modestias aparte, somos muy buenos representantes de la vida universitaria. Somos la muestra ideal, ya que entre nosotros hay gente de casi todas las carreras, de todas las facultades, incluso de todos los cursos (aunque predominen los de primero y segundo). Somos un potaje de perfiles, de orígenes (todas las esquinas ibéricas y hasta cuatro continentes, así de memoria) opiniones y personalidades. Vivimos en el campus, y lo que pasa aquí nos afecta más que a nadie, ya sea la inauguración del Rodilla o la nevada que canceló las clases, la vida de la UFV la vivimos más intensamente. A la noche, el campus es nuestro jardín, el fin de semana, nuestro parque, y si de repente, una tarde, te apetece una cerveza lo más probable es que ni siquiera bajes a Pozuelo. Al final, estando en el CM se tiene una visión única de la Universidad, así que por eso creo que resulta interesante compartir dudas con el rector.

Hay pocas veces donde uno se para a pensar qué es el Colegio Mayor. Sí, a mi me han pedido que escriba estas líneas, pero unos días después de la charla con el rector, unas chicas comentaban por qué era diferente el CM, por qué no era como nada que pudiera haber en cualquier solución habitacional madrileña. Y me sorprendieron cuando mencionaron los comités, las cenas todos juntos y las ocasionales charlas que traen hasta el hall de nuestra casa. Son una atmósfera propia de aquí, muy mágica, pero como la respiramos cada día, nos acostumbramos, humanos nosotros, y nos olvidamos de lo especial que es estar aquí. De lo especiales que somos, de lo único que hacemos, de lo únicos que somos y nos mostramos aquí, de que somos más grandes entre estas paredes. Y aunque sea de manera muy formal y correcta, la cena con el rector, esa charla, esos temas, ese compartir, nos recuerda qué es lo que está pasando en el Colegio Mayor Francisco de Vitoria.

Y como diría un albaceteño emigrado en Costa Rica: hemos venido a jugar.

Pablo Ríos – Carta a Málaga

Querida Málaga,

Te escribo desde la cercana melancolía que me va a provocar el no verte. Empecé sin prestarte atención al llegar un diciembre del 2001 y marcho sabiendo que anhelaré tu dorado sol y tu dulce gente.

Durante estos 15 años me cuidaste y criaste, me diste la fuerza para cultivarme dándome a los mejores amigos y a la mejor familia que uno puede tener; te llevaste a personas que añoro y me diste nuevas que amo. Me diste mi primer beso, mi primera caricia y mi primer amor. Fueron tan bonitos que mi cabeza no será capaz de olvidarlos por muy lejos que esté.

Quiero decirte que no te olvidaré y que pronto estaré a tu lado.

Adiós Málaga la bella, voy a recorrer el mundo…

Próxima parada: Madrid ❤

 

Te quiere, Pablo

GORKA PASTORIZA – ¿Van a ser los investigadores los que decidan por nosotros?

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El pasado miércoles 29 de marzo, el Dr. Carlos Romero, apreciado profesor de nuestra Universidad Francisco de Vitoria, realizó una ponencia tratando el tema del transhumanismo del que tan poca información tenemos pero que tanto nos afecta. El transhumanismo es un movimiento intelectual que tiene como objetivo transformar la condición humana mediante el desarrollo y fabricación de tecnologías que mejoren las capacidades humanas, tanto físicas como psicológicas e intelectuales. Este movimiento busca dejar atrás la concepción de que el ser humano es inalterable. El paso siguiente al transhumanismo sería el poshumanismo, en el que la tecnología será capaz de tener consciencia y no tendrá necesidad de tener humanos que la controlen. En este momento, la tecnología podría multiplicarse por sí sola.

El Dr. Romero comenzó con un vídeo que nos puso los pelos de punta. En este, varios prestigiosos investigadores trataban el posible fin de la especie humana dando paso a un mundo dominado por las tecnologías. Basándose en el crecimiento exponencial que está teniendo la tecnología desde su aparición, especulaban que este cambio podría producirse en torno a 2045.

Dicho así podría parecer surrealista, pero el Dr. Romero nos presentó la realidad en la que se encuentra nuestro mundo y las distintas investigaciones que se están realizando para conseguir este objetivo, entre ellos el proyecto BRAIN de Estados Unidos, financiado con cinco mil millones de euros, o el proyecto Human Brain Project (Proyecto del Cerebro Humano) de Europa, cuyo objetivo es poder mapear el cerebro humano neurona a neurona, para poder comprender todos los procesos que se dan en él, así como curar, entender y prevenir enfermedades como el Alzheimer, Parkinson, etc.

A priori, puede parecer que estos proyectos tienen una buena causa. El problema viene cuando las personas ponen su orgullo desmesurado hasta el punto de que no buscan el bien mediante los medios que se les ofrecen, sino que buscan el mérito propio y sentirse poderosos, como bien explicó el Dr. Romero mediante el concepto “hybris”, procedente de la Antigua Grecia y que hace alusión a la actitud de los humanos de querer ser Dioses o actuar como ellos. El problema viene cuando componentes de estos proyectos y multimillonarios como por ejemplo Nick Bostrom (principal exponente del transhumanismo), Neil Harbisson (primera persona del mundo reconocida como cíborg) o Elon Musk (multimillonario estadounidense cuyo objetivo es fusionar humanos y robots) buscan superar los límites humanos mediante la tecnología, creando robots y cíborgs (fusión entre humanos y robots).

En el caso de que estos pronósticos y las predicciones del transhumanismo se cumplan, se producirá un gran impacto sobre nuestra especie y sobre nuestra sociedad: la diferencia entre ricos y pobres será muy grande, se producirán muchas guerras en las que se pondrá en riesgo la humanidad, el dinero perderá su valor, etc.

Para concluir, el Dr. Romero nos dejó unas preguntas que me parece importante que todos nos planteemos: ¿Cómo el humano ha llegado a odiarse tanto hasta el punto de querer mutilar su propia especie? ¿Qué pasará con aquella gente que no pueda pagar un robot? ¿Dónde quedarán los derechos humanos por los que tanto se ha luchado en la historia? ¿La humanidad no tiene decisión sobre este tema o van a ser los investigadores los que decidan por nosotros?

Gorka Pastoriza

MENENE OLUY – “¡Al suelo, que vienen los nuestros!”

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En estos tiempos que corren lo que no se cuenta no existe; algo que le llevó a Zygmunt Bauman a decir que si Descartes volviese a la vida replantearía su máxima de “pienso luego existo” a “salgo en la televisión luego existo”. Es precisamente lo que está pasando con la realidad que se vive en el que es probablemente el continente más diverso y complejo de todos: África.

Si bien es cierto que es complicadísimo abordar toda la realidad del continente africano, un acercamiento a la misma, por más limitado que fuera, ayuda a entender en conciencia eso que se llama África. De ahí mi satisfacción por haber hecho a mis compañeros colegiales partícipes de esa realidad. Una realidad de la que desde Europa sólo vemos los efectos, casi nunca las causas, que van desde la inmigración a los refugiados; desde el hambre a las guerras; y desde las dictaduras a las dictablandas.

Ni que decir tiene lo contento que estoy, sobre todo por evocar a mis compañeros que ellos están viviendo un mundo diferente. El real que se vive es aquél en el que los padres no sólo no tienen 20 euros para darles para que salgan de fiesta con sus amigos (y por ende se fumen un cigarro o dos), sino que no tienen 20 euros para comprar el desayuno del día, de la semana o del mes. Ojo, que no digo comida, que son todavía palabras mayores.

También reflexionamos sobre aquello de que “África en desorden es un gran negocio”;. Hay agentes externos están muy interesados en subvertir el orden del continente para sus intereses comerciales (sobretodo). Precisamente Marruecos sigue siendo el único país no golpeado por la Primavera Árabe, porque a nadie le interesa subvertir todavía el orden de Marruecos (muchos actores externos tienen bastante que perder si se da una subversión en estas tierras).

Que el continente necesita una segunda descolonización, es un hecho. Y esta segunda descolonización pasa por despojar del poder a los actuales Jinetes del Apocalípsis también. Así lo dejó bien aquilatado el que fuera ministro del Partido Popular, Pio Cabanillas: “Al suelo, que vienen los nuestros”; esto es, el peor enemigo está en casa. Más contento no me pude quedar, a sabiendas de que si digo lo mismo allá estoy firmando mi sentencia de no contarlo dos veces.

Con esta conciencia agradezco a todos aquellos que tuvieron a bien asistir a la charla, con el esfuerzo que ello supone, a los que no pudieron pero quisieron y a toda la comunidad colegial.

SOFÍA MORALES – “Después de este viaje me siento acompañada”

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Lo primero que pensé cuando me dijeron que iba a Barcelona era que quería ir, pero de esa forma en que sabes que no vas a ir al final. Y hablando con mis amigas me dijeron “Oye, pero no vamos a ir” y sentí que tenía que hacer el viaje, no sabía por qué, pero tenía que ir. Ya yendo a Barcelona me empecé a dar cuenta, que estaba aquí para averiguar unas cosas que me planteaba y que había venido para algo. A lo largo del fin de semana la respuesta a esas preguntas.

Además, quería encontrarme a mí misma. Aparte de ver Barcelona, que era lo principal al principio, poco a poco se fue convirtiendo en plantearme yo cosas y ver si a través del fin de semana me iba respondiendo a esas preguntas. Eso vino después, primero el “que guay Barcelona”, y luego las preguntas.

Puedo decir que a la mayoría encontré respuestas, pero me han surgido más cuestiones que no me habrían aparecido sin ir al viaje, junto con la solución a muchos problemas que yo tenía. A lo largo del fin de semana, desde el primer momento yo ya estaba recibiendo señales y respuestas.

De la peregrinación me quedo con dos momentos. El viernes fuimos a la Sagrada Familia y tuvimos misa allí y fue una pasada. Desde ese momento, con la homilía del padre yo ya estaba sacando cosas dentro de mi corazón y estaba ya pensando que sí, que lo que yo me planteaba tenía solución y respuesta. Como segundo, me quedo con Montserrat el domingo, que aparte de las preciosas vistas, andar para arriba un poco y verlo todo, destaco la misa y la visita a la virgen.

Me ha sorprendido lo intensos que pueden ser tres días, que ni tres días fueron, fue increíble, porque yo nunca pensé que fuera a pasar tan rápido, y la de cosas que podían pasar en un espacio de tiempo tan pequeño. La piña que hicimos como grupo fue genial, yo hablaba con gente con la que nunca me había relacionado y ahora he construido una relación muy buena. Y también el conocerme a mí misma en un espacio de tiempo tan pequeño.

El espíritu de comunidad que hicimos no se ha quedado allí. El lazo se mantiene, seguimos hablando y viéndonos, sabiendo que nos vamos a volver a ver y reunir para hablar después de regresar a casa. Yo creo que va a permanecer algo, porque ha sido una experiencia que hemos vivido solo nosotros, tan fuerte, tan intensa, que ni se va a olvidar ni se va a pasar por encima porque cada vez que veo a alguno de los que haya ido a Barcelona siempre me acuerdo, porque es algo hemos vivido juntos. Lo que yo he vivido también lo ha experimentado cada uno de ellos.

Mi relación con Dios ha cambiado, que antes era más bien poca, no sentía que hablaba conmigo ni que estaba en mi vida ni nada. Después de este viaje me siento acompañada, porque durante la peregrinación sentí que alguien me escuchaba, que estaba ahí cuando lo necesitaba para cualquier cosa que me planteaba, en los momentos buenos y en los malos.

Si pudiera hablar con mi yo de antes de ir a Barcelona, me diría aprovecha al máximo, aunque creo que sí lo hice, pero sobretodo prestar atención a los pequeños detalles. Porque en el viaje hay pequeñas cosas que si te fijas no sabes porque te estás fijando, y a través de ellas dices “por algo será”, y creo que podría haberles prestado más atención. Podemos mirar algunas cosas, pero las pasamos por desapercibido y no nos damos cuenta de que nos está preguntando algo, y creo que eso es importante.

PABLO GUIRADO – “Necesitaba un cambio”

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Soy de Auria, la ciudad del oro, pero Madrid, la ciudad donde me encuentro, y, sobre todo, el ambiente en el que estoy, me hace olvidarme de ello.

Hace dos semanas y media estuve en Barcelona y partía únicamente con la expectativa de conocer la ciudad porque nunca había estado allí. Pero cambió totalmente una vez hicimos las actividades propuestas por el Colegio Mayor. He de reconocer que ha cambiado mi filosofía de vida y la verdad ahora quizás estoy otra vez reencontrando esa fe que había perdido.

Las experiencias de mi vida, en el pasado, concretamente por parte de la familia de mi madre, hizo que cogiese un poco de rencor hacía todo lo relacionado con la religión, o con la Iglesia.

Tengo que decir que me contaron que mis abuelos fueron una vez a orar, a la iglesia, y justamente les cayó una cruz encima. Mi abuelo falleció en el acto, pero mi abuela sobrevivió, y para mí es un ejemplo de fortaleza, de que hay que luchar en esta vida, de que no es fácil y te vas a encontrar obstáculos de los cuales tienes que aprender y superar. Pero espero que con este paso pueda seguir yo hacia delante y tener el ejemplo claro de mi abuela siempre presente.

Este cambio vino por el ambiente de que estaba rodeado, me invitó a que reflexionase un poco acerca de mi fe. Todos los testimonios de mis compañeros con los que estuve ahí me impactaron y me hicieron ver que tienes que creer en algo más; porque vivir aquí y disfrutar como si fueras un ser inerte no gusta, y por eso mismo todo este tipo de actividades que últimamente están realizando Pastoral y demás me están ayudando a encontrarme conmigo mismo.

Necesitaba un cambio, porque últimamente mi vida estaba siendo muy monótona, yendo siempre hacía lo mismo, y para corregir esos pequeños fallos tienes que hacer cosas nuevas, tienes que cambiar. Y yo ahora veo que poco a poco estoy cambiando y espero que ese cambio sea bueno y que en un porvenir muy cercano pueda conseguir todos los objetivos y éxitos que me depare el camino.

Lo mejor de Barcelona fue el día del Cenáculo, ver como toda esta gente que había caído en ese mundo de las drogas, de precariedad, a fin de cuentas, perdieron todo. Eso me hizo recapacitar y ver si tengo alguna duda acerca de lo que ellos nos contaron, para poder esquivarlo y llevarlo por otro camino, evitando que ni mis compañeros ni yo caigamos en eso.

Tenía muchísimas dudas de si iba a servir para algo el viaje, y al final si pruebas las cosas realmente te das cuenta de si vale la pena o no. Fui, me lancé y descubrí que hay que probar algo para poder valorarlo y no arrepentirte, porque a lo mejor luego no tienes otra oportunidad de volver a vivir lo que has vivido. Es algo que he aprendido, una lección para mejorar.

Yo sabía con qué gente iba a estar, había algunos con los que había hablado muy poco o nada, porque cada uno tiene su vida. Pero en la peregrinación formamos una gran piña y disfrutamos el uno del otro, ayudando a hacernos mejores para así ser más fuertes y tener algo más cerca ese espíritu de lucha, de sacrificio y de perseverancia.

De Barcelona me he llevado la experiencia de estar allí, y felicidad sobre todo. Creo que he venido con muchas ganas de cambiar y de disfrutar un poco más. Yo recomendaría al que no acudió que si alguna vez el Colegio Mayor organiza otra peregrinación vaya. Es una experiencia que yo recomendaría a todo el mundo.

Desde luego que repetiría la experiencia, y propongo que ahora se haga el Camino de Santiago. Yo ya lo hice cuatro veces y me sirvió de mucho para reflexionar (porque yo soy ya un bohemio por naturaleza), y eso es un paraíso al que yo animaría a todo el mundo a ir.

PAULA AROCHA – “Es algo que sólo se puede entender si vives aquí”

Siempre hay una primera vez para todo. Y en la mayoría de las ocasiones esas primeras veces traen gratis de regalo muchos nervios y millones de incertidumbres. Cada año, a principio de curso, el Colegio Mayor destaca las cualidades de la vida universitaria.

En mis tres años de carrera he tenido la oportunidad de vivir a plenitud muchas experiencias enriquecedoras,  no sólo he conocido a maravillosas personas que forman parte de mi vida, también he podido conocerme a mí misma. A través de las Jornadas de Integración, he podido valorar todas las experiencias que nos otorga esta majestuosa casa de estudio. Cuando entras por primera vez, no entras como la chica o el chico nuevo. Sino que entras como uno más, un hermano o una hermana, formas parte de una gran familia, y eso es un gran tesoro.

Este curso, el Colegio Mayor a través de los formadores ha decido resaltar la Belleza, la belleza de todo aquello que llamamos universidad, poder apreciar las pequeñas cosas que nos encontramos en los pasillos, los buenos días de nuestros compañeros, el encuentro de todos después de un largo día de estudio. La belleza en las pequeñas cosas que vivimos cada día, que no siempre sabemos apreciar.

El año pasado fue el encuentro, encontrarse con uno mismo a través de las personas con las que convives que al final terminan siendo tus más grandes amigos. Y por ultimo, la creatividad, ese potencial que habita dentro de nosotros para sacar nuestros más grandes talentos en la vida universitaria. Después de estos tres años, he pensado no solo ¡qué bonito! sino qué tristeza. Me da miedo de lo rápido que pasa el tiempo, y de lo veloz que pasa la vida universitaria; y de lo enriquecedora que ha sido y puede llegar a hacer estos maravillosos años de carrera. No sólo me he dado cuenta de lo mucho que hemos aprendido en el Colegio Mayor sino de lo rápido que vamos creciendo y acercándonos cada vez más a nuestra meta. El Colegio Mayor, estoy segura que todos nos sentimos así, es nuestra segunda casa, nuestra otra familia.

La belleza de cada momento y cada detalle que nos aportan todas y cada una de las personas que viven aquí son un regalo y una ilusión. Cada sonrisa que te transmiten consigue emocionarte. Es algo que sólo se puede entender si vives aquí.

Paula Andreína Arocha – Doble Grado en Periodismo y Comunicación Audiovisual.

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